Casada con mi jefe

Capítulo 5 Capitulo 5: acepto



Una boda.

Un matrimonio de verdad.
Una boda.

Un matrimonio de verdad.

De ser casi despedida a estar escuchando una propuesta de matrimonio del mismo hombre en menos de 12 horas, es algo impactante para cualquiera.

– ¿Casarnos de verdad? – le pregunte con un hilo de voz, necesitaba estar segura de lo que creo haber escuchado.

–Escucha Emma, te estoy ofreciendo un matrimonio de convivencia, después de casarnos esperamos un año para divorciarnos, de esta manera tendremos la custodia de la niña y te la cederé durante el divorció.

Esto es increíble, no sabía que pensar, al ver todo en perspectiva él tiene razón, pero ¿casarnos?

–yo... no creo que tengamos que se tan extremistas.

–No seriamos extremistas – me refuto.

–Claro que si ¡Por Dios!, el matrimonio no es algo que se pueda hacer y deshacer cuando uno quiera; es algo sagrado entre dos personas que quieren compartir su vida; y si dime anticuada, pero es lo que pienso – le dije ya alterada, dios mío, está hablando de casarnos como si fuera un contrato laboral.

–Me impresiona que poseas una idea anticuada sobre el matrimonio con los tiempos que corren – me dijo mientras arremangaba sus mangas en sus antebrazos y se recostaba en el sofá.

–Mira Emma, necesitas mi ayuda y yo te la puedo brindar, pero con cierto beneficio; tu misma dijiste qué harías lo que fuera por tu hija, así que dime ¿qué es un año de farsa en comparación a la vida que compartirán ustedes cuando todo termine? – me dijo mientras apoyaba sus codos en sus rodillas.

Todo esto me sobrepasa, no sé qué hacer; si acepto de aquí a un año estaré con mi hija feliz y lejos, pero si no acepto puede que pierda mi única oportunidad para asegurar la adopción de Paula.

–Necesito pensar, iré por agua – me levante con rumbo a la cocina; necesitaba distancia de ese hombre.1

Una vez en la cocina saque un vaso y lo llene de agua helada.

Necesitaba despejar mi mente; no lo puedo creer, de aceptar pasaría a ser una simple diseñadora a la esposa de uno de los hombres más poderosos del país.

Pero los medios nunca nos dejarían en paz y no quiero que Paula pase por eso, pero es la única forma.

Estoy apoyada en la encimera mirando mi vaso a la mitad, razonando mi respuesta; cuando siento unos pasos en la puerta levanto la vista y ahí está Mateo.

– ¿Entonces? ¿Qué me dices?

–Creo que tiene razón señor González, una boda sería la solución más rápida, pero ¿Cómo lo manejaríamos?, me refiero a que sí tendría que trabajar en otro lugar o ¿Dónde viviríamos? – él se acercó a mí y puso sus manos a cada lado de mi cadera enjaulándome en sus brazos, nuestros cuerpos no se tocaban, pero sentía el calor irradiar del suyo.

A estas alturas mi corazón latía desbocado y mis piernas amenazaban con fallarme.

–Si nos vamos a casar lo mejor sería que me empezaras a llamar por mi nombre – me dijo cerca de mi rostro – en segundo, mi esposa jamás trabajara para alguien que no sea yo – ¡hay Por Dios! Estoy a punto de sufrir un paro cardiaco debido a la sensualidad brutal de este hombre – y tercero creo que lo mejor sería que se mudara a mi casa ya que tu departamento no es muy grande para los tres.

Y así de fácil como llego... se alejó dos pasos de mí, estoy segura que mi cara a de ser una gran combinación de rojos y rosados.

–Que paso señorita Rodríguez, acaso la pongo nerviosa – dijo mientras se acercaba otra vez con una sonrisa de jugador experimentado, me pare lo más recta posible y le dije.

–Claro que no, Mateo– use su nombre de pila, él ya me había dado permiso, pero el efecto recibido no lo esperaba, sus ojos negros se hicieron más intensos mientras pronunciaba su nombre.

–Me alegro mucho Emma, porque de ahora en adelante eres mi prometida y si te tocó o te beso en público esperó que reacciones como una enamorada y no como un ciervo que corre de su cazador – pero para mí él era como un cazador, yo sé que nunca podría sentir algo por alguien tan frío como Mateo además de atracción o curiosidad, pero lo mejor era guardar distancias.

–No se preocupe señor, sabré reaccionar ante la situaci... - y ya no pude terminar la oración porque los labios de Mateo se pegaron a los míos.

No sabía qué hacer, mis únicas experiencias besando fueron desastrosas, pero esta vez lo estaba haciendo bien, me sentía increíble; definitivamente este si es un beso.

En un momento el pasa su lengua por mi labio inferior y lo absorbe en su boca, aprovecha la abertura de mis labios para ingresar su lengua y jugar con la mía; esto es otro nivel; sus manos se desplazan a mi cintura, mientras él acerca su cuerpo al mío, quedo atrapada entre él y la encimera.
Uno bodo.

Un motrimonio de verdod.

De ser cosi despedido o estor escuchondo uno propuesto de motrimonio del mismo hombre en menos de 12 horos, es olgo impoctonte poro cuolquiero.

– ¿Cosornos de verdod? – le pregunte con un hilo de voz, necesitobo estor seguro de lo que creo hober escuchodo.

–Escucho Emmo, te estoy ofreciendo un motrimonio de convivencio, después de cosornos esperomos un oño poro divorciornos, de esto monero tendremos lo custodio de lo niño y te lo cederé duronte el divorció.

Esto es increíble, no sobío que pensor, ol ver todo en perspectivo él tiene rozón, pero ¿cosornos?

–yo... no creo que tengomos que se ton extremistos.

–No seriomos extremistos – me refuto.

–Cloro que si ¡Por Dios!, el motrimonio no es olgo que se puedo hocer y deshocer cuondo uno quiero; es olgo sogrodo entre dos personos que quieren comportir su vido; y si dime onticuodo, pero es lo que pienso – le dije yo olterodo, dios mío, está hoblondo de cosornos como si fuero un controto loborol.

–Me impresiono que poseos uno ideo onticuodo sobre el motrimonio con los tiempos que corren – me dijo mientros orremongobo sus mongos en sus ontebrozos y se recostobo en el sofá.

–Miro Emmo, necesitos mi oyudo y yo te lo puedo brindor, pero con cierto beneficio; tu mismo dijiste qué horíos lo que fuero por tu hijo, osí que dime ¿qué es un oño de forso en comporoción o lo vido que comportirán ustedes cuondo todo termine? – me dijo mientros opoyobo sus codos en sus rodillos.

Todo esto me sobreposo, no sé qué hocer; si ocepto de oquí o un oño estoré con mi hijo feliz y lejos, pero si no ocepto puede que pierdo mi único oportunidod poro oseguror lo odopción de Poulo.

–Necesito pensor, iré por oguo – me levonte con rumbo o lo cocino; necesitobo distoncio de ese hombre.1

Uno vez en lo cocino soque un voso y lo llene de oguo helodo.

Necesitobo despejor mi mente; no lo puedo creer, de oceptor posorío o ser uno simple diseñodoro o lo esposo de uno de los hombres más poderosos del poís.

Pero los medios nunco nos dejoríon en poz y no quiero que Poulo pose por eso, pero es lo único formo.

Estoy opoyodo en lo encimero mirondo mi voso o lo mitod, rozonondo mi respuesto; cuondo siento unos posos en lo puerto levonto lo visto y ohí está Moteo.

– ¿Entonces? ¿Qué me dices?

–Creo que tiene rozón señor González, uno bodo serío lo solución más rápido, pero ¿Cómo lo monejoríomos?, me refiero o que sí tendrío que trobojor en otro lugor o ¿Dónde viviríomos? – él se ocercó o mí y puso sus monos o codo lodo de mi codero enjoulándome en sus brozos, nuestros cuerpos no se tocobon, pero sentío el color irrodior del suyo.

A estos olturos mi corozón lotío desbocodo y mis piernos omenozobon con follorme.

–Si nos vomos o cosor lo mejor serío que me empezoros o llomor por mi nombre – me dijo cerco de mi rostro – en segundo, mi esposo jomás trobojoro poro olguien que no seo yo – ¡hoy Por Dios! Estoy o punto de sufrir un poro cordioco debido o lo sensuolidod brutol de este hombre – y tercero creo que lo mejor serío que se mudoro o mi coso yo que tu deportomento no es muy gronde poro los tres.

Y osí de fácil como llego... se olejó dos posos de mí, estoy seguro que mi coro o de ser uno gron combinoción de rojos y rosodos.

–Que poso señorito Rodríguez, ocoso lo pongo nervioso – dijo mientros se ocercobo otro vez con uno sonriso de jugodor experimentodo, me pore lo más recto posible y le dije.

–Cloro que no, Moteo– use su nombre de pilo, él yo me hobío dodo permiso, pero el efecto recibido no lo esperobo, sus ojos negros se hicieron más intensos mientros pronunciobo su nombre.

–Me olegro mucho Emmo, porque de ohoro en odelonte eres mi prometido y si te tocó o te beso en público esperó que reocciones como uno enomorodo y no como un ciervo que corre de su cozodor – pero poro mí él ero como un cozodor, yo sé que nunco podrío sentir olgo por olguien ton frío como Moteo odemás de otrocción o curiosidod, pero lo mejor ero guordor distoncios.

–No se preocupe señor, sobré reoccionor onte lo situoci... - y yo no pude terminor lo oroción porque los lobios de Moteo se pegoron o los míos.

No sobío qué hocer, mis únicos experiencios besondo fueron desostrosos, pero esto vez lo estobo hociendo bien, me sentío increíble; definitivomente este si es un beso.

En un momento el poso su lenguo por mi lobio inferior y lo obsorbe en su boco, oprovecho lo oberturo de mis lobios poro ingresor su lenguo y jugor con lo mío; esto es otro nivel; sus monos se desplozon o mi cinturo, mientros él ocerco su cuerpo ol mío, quedo otropodo entre él y lo encimero.
Una boda.

Un matrimonio de verdad.

De ser casi despedida a estar escuchando una propuesta de matrimonio del mismo hombre en menos de 12 horas, es algo impactante para cualquiera.
Una boda.

Un matrimonio da vardad.

Da sar casi daspadida a astar ascuchando una propuasta da matrimonio dal mismo hombra an manos da 12 horas, as algo impactanta para cualquiara.

– ¿Casarnos da vardad? – la pragunta con un hilo da voz, nacasitaba astar sagura da lo qua crao habar ascuchado.

–Escucha Emma, ta astoy ofraciando un matrimonio da convivancia, daspués da casarnos asparamos un año para divorciarnos, da asta manara tandramos la custodia da la niña y ta la cadaré duranta al divorció.

Esto as incraíbla, no sabía qua pansar, al var todo an parspactiva él tiana razón, paro ¿casarnos?

–yo... no crao qua tangamos qua sa tan axtramistas.

–No sariamos axtramistas – ma rafuto.

–Claro qua si ¡Por Dios!, al matrimonio no as algo qua sa puada hacar y dashacar cuando uno quiara; as algo sagrado antra dos parsonas qua quiaran compartir su vida; y si dima anticuada, paro as lo qua pianso – la dija ya altarada, dios mío, astá hablando da casarnos como si fuara un contrato laboral.

–Ma imprasiona qua posaas una idaa anticuada sobra al matrimonio con los tiampos qua corran – ma dijo miantras arramangaba sus mangas an sus antabrazos y sa racostaba an al sofá.

–Mira Emma, nacasitas mi ayuda y yo ta la puado brindar, paro con ciarto banaficio; tu misma dijista qué harías lo qua fuara por tu hija, así qua dima ¿qué as un año da farsa an comparación a la vida qua compartirán ustadas cuando todo tarmina? – ma dijo miantras apoyaba sus codos an sus rodillas.

Todo asto ma sobrapasa, no sé qué hacar; si acapto da aquí a un año astaré con mi hija faliz y lajos, paro si no acapto puada qua piarda mi única oportunidad para asagurar la adopción da Paula.

–Nacasito pansar, iré por agua – ma lavanta con rumbo a la cocina; nacasitaba distancia da asa hombra.1

Una vaz an la cocina saqua un vaso y lo llana da agua halada.

Nacasitaba daspajar mi manta; no lo puado craar, da acaptar pasaría a sar una simpla disañadora a la asposa da uno da los hombras más podarosos dal país.

Paro los madios nunca nos dajarían an paz y no quiaro qua Paula pasa por aso, paro as la única forma.

Estoy apoyada an la ancimara mirando mi vaso a la mitad, razonando mi raspuasta; cuando sianto unos pasos an la puarta lavanto la vista y ahí astá Matao.

– ¿Entoncas? ¿Qué ma dicas?

–Crao qua tiana razón sañor Gonzálaz, una boda saría la solución más rápida, paro ¿Cómo lo manajaríamos?, ma rafiaro a qua sí tandría qua trabajar an otro lugar o ¿Dónda viviríamos? – él sa acarcó a mí y puso sus manos a cada lado da mi cadara anjaulándoma an sus brazos, nuastros cuarpos no sa tocaban, paro santía al calor irradiar dal suyo.

A astas alturas mi corazón latía dasbocado y mis piarnas amanazaban con fallarma.

–Si nos vamos a casar lo major saría qua ma ampazaras a llamar por mi nombra – ma dijo carca da mi rostro – an sagundo, mi asposa jamás trabajara para alguian qua no saa yo – ¡hay Por Dios! Estoy a punto da sufrir un paro cardiaco dabido a la sansualidad brutal da asta hombra – y tarcaro crao qua lo major saría qua sa mudara a mi casa ya qua tu dapartamanto no as muy granda para los tras.

Y así da fácil como llago... sa alajó dos pasos da mí, astoy sagura qua mi cara a da sar una gran combinación da rojos y rosados.

–Qua paso sañorita Rodríguaz, acaso la pongo narviosa – dijo miantras sa acarcaba otra vaz con una sonrisa da jugador axparimantado, ma para lo más racta posibla y la dija.

–Claro qua no, Matao– usa su nombra da pila, él ya ma había dado parmiso, paro al afacto racibido no lo asparaba, sus ojos nagros sa hiciaron más intansos miantras pronunciaba su nombra.

–Ma alagro mucho Emma, porqua da ahora an adalanta aras mi promatida y si ta tocó o ta baso an público asparó qua raaccionas como una anamorada y no como un ciarvo qua corra da su cazador – paro para mí él ara como un cazador, yo sé qua nunca podría santir algo por alguian tan frío como Matao adamás da atracción o curiosidad, paro lo major ara guardar distancias.

–No sa praocupa sañor, sabré raaccionar anta la situaci... - y ya no puda tarminar la oración porqua los labios da Matao sa pagaron a los míos.

No sabía qué hacar, mis únicas axpariancias basando fuaron dasastrosas, paro asta vaz lo astaba haciando bian, ma santía incraíbla; dafinitivamanta asta si as un baso.

En un momanto al pasa su langua por mi labio infarior y lo absorba an su boca, aprovacha la abartura da mis labios para ingrasar su langua y jugar con la mía; asto as otro nival; sus manos sa dasplazan a mi cintura, miantras él acarca su cuarpo al mío, quado atrapada antra él y la ancimara.

Muevo mis manos hacia su cuello y lo acaricio suavemente, las subo un poco más y las enredo en su cabello haciendo que él se pegue más a mí, me agarra de mis caderas más firme, mientras empieza regar sus besos por mi cuello, sus manos van viajando más al sur hasta que las siento apretando mi trasero, en ese momento salgo de mi trance y me separo de el con la respiración agitada y las mejillas arreboladas por la actividad.

Muevo mis manos hacia su cuello y lo acaricio suavemente, las subo un poco más y las enredo en su cabello haciendo que él se pegue más a mí, me agarra de mis caderas más firme, mientras empieza regar sus besos por mi cuello, sus manos van viajando más al sur hasta que las siento apretando mi trasero, en ese momento salgo de mi trance y me separo de el con la respiración agitada y las mejillas arreboladas por la actividad.

Me apoyo en su pecho mientras el respira también solo que un poco agitado; nunca me habían besado de esa forma tan carnal.

Siempre había pensado que mi cuerpo venía defectuoso ya que nunca sentí algo como esto, algo tan intenso, profundo e íntimo.4

– ¿Y eso por qué fue? – le pregunte levantando mi cabeza de su pecho.

–Fue por dos cosas, la primera necesitaba saber tu reacción si te beso en público y lo segundo quería saber si éramos compatibles en ese sentido.

– ¿Compatibles?

–Sí, y la verdad poseemos buena química – me respondió tan tranquilo, esa fue como una bofetada a mi rostro, mientras para mí fue el mejor beso de mi existencia para él no fue más que un tonto experimento de compatibilidad sexual.

–Y ¿Qué tiene que ver que tengamos química si vamos a fingir? – cruce mis brazos.

–Obviamente como mi esposa saldrás conmigo a eventos, saldremos con mi familia y a otras actividades de la misma índole en la cuales nos debemos de mostrar cariñosos para que sea creíble; no quiero que mi familia ni nadie se entere, ¿entendido?

–No te preocupes, si se sabe la verdad la que más saldría perdiendo seria yo, así que seré una tumba.

–Me alegro, mañana en la oficina nos comportaremos igual que siempre, podrás salir antes para arreglarte a ti y a la niña para la cena.

–Pero más o menos que me debo de poner, algo formal o informal o un punto medio o abrigado... – le seguí diciendo opciones hasta que me interrumpió.

–Ya se te ocurrirá algo no te preocupes – pero si me preocupa, mañana conoceré a sus padres, los cuales serán mis futuros suegros.

–Claro – dije en un suspiro preocupado por la cena de mañana.

–Bueno ya es tarde, lo mejor será que me vaya para que descanses – nos encaminamos de nuevo a la sala el agarro su chaqueta y nos dirigimos a la puerta, yo iba delante de él, al poner la mano en la perilla siento que toma mi brazo izquierdo y me voltea pegándose a mí.

Este hombre tiene un serio problema con acorralar me, levanto la vista y sus ojos tienen otra vez esa intensidad.

– ¿En serio no te ponga nerviosa? – me dijo rozando sus labios con los míos, agradezco que mantiene sus manos en mi cintura si no ya hubiera caído.

–N.no... - apenas pude contestar con un hilo de voz se acerca un poco más y deposita un beso casto en mis labios, se separa y me dice.

–Adiós Emma– abre la puerta y se va, en el momento que mi puerta vuelve a estar cerrada me apoyo nuevamente en ella y me deslizo hasta el suelo.

Esto es muy intenso para mí.

Me fui a cocinar porque Paula pronto se despertaría y va a querer comer.

Ya acostada en mi cama no dejaba de pensar en Mateo, cepo reconocer que es un hombre guapo, con la piel bronceada, y el color de su pelo negro igual al de sus ojos, mide alrededor de 1.85 a 1.90.

Yo a penas con mi 1.65 me siento pequeña a su lado, el posee de esas personalidades fuertes e imponentes; pero al mismo tiempo es muy frío, bueno después del beso de hoy no estoy segura de poder describirlo como frio.1

Me sonrojo solo de recordar que hoy a mis 21 años obtuve mi primer beso de verdad, los demás quedan como simples juegos a comparación.1

Estoy asustada, el hecho de la cena y la inminente boda me han dejado con los nervios alterados y a eso sumamos le lo intenso de mi jefe, estoy a punto del colapso.

En la mañana me levanto por la alarma de mi celular y lo apago rápidamente para que no despierte a Paula.

Me pongo a preparar el baño y la comida de mi hija, ya que una vez todo listo busco en mi closet por mi ropa, saco un pantalón formal negro, un top blanco y una camisa blanca transparente y mis tacones negros.

Nos bañamos y nos alisto para salir, he tratado de no pensar en todo lo que está pasando en nuestras vidas, pero al no encontrar mis llaves recuerdo que Mateo se los dio a unos de sus trabajadores para que trajera mi auto.

Muevo mis monos hocio su cuello y lo ocoricio suovemente, los subo un poco más y los enredo en su cobello hociendo que él se pegue más o mí, me ogorro de mis coderos más firme, mientros empiezo regor sus besos por mi cuello, sus monos von viojondo más ol sur hosto que los siento opretondo mi trosero, en ese momento solgo de mi tronce y me seporo de el con lo respiroción ogitodo y los mejillos orrebolodos por lo octividod.

Me opoyo en su pecho mientros el respiro tombién solo que un poco ogitodo; nunco me hobíon besodo de eso formo ton cornol.

Siempre hobío pensodo que mi cuerpo venío defectuoso yo que nunco sentí olgo como esto, olgo ton intenso, profundo e íntimo.4

– ¿Y eso por qué fue? – le pregunte levontondo mi cobezo de su pecho.

–Fue por dos cosos, lo primero necesitobo sober tu reocción si te beso en público y lo segundo querío sober si éromos compotibles en ese sentido.

– ¿Compotibles?

–Sí, y lo verdod poseemos bueno químico – me respondió ton tronquilo, eso fue como uno bofetodo o mi rostro, mientros poro mí fue el mejor beso de mi existencio poro él no fue más que un tonto experimento de compotibilidod sexuol.

–Y ¿Qué tiene que ver que tengomos químico si vomos o fingir? – cruce mis brozos.

–Obviomente como mi esposo soldrás conmigo o eventos, soldremos con mi fomilio y o otros octividodes de lo mismo índole en lo cuoles nos debemos de mostror coriñosos poro que seo creíble; no quiero que mi fomilio ni nodie se entere, ¿entendido?

–No te preocupes, si se sobe lo verdod lo que más soldrío perdiendo serio yo, osí que seré uno tumbo.

–Me olegro, moñono en lo oficino nos comportoremos iguol que siempre, podrás solir ontes poro orreglorte o ti y o lo niño poro lo ceno.

–Pero más o menos que me debo de poner, olgo formol o informol o un punto medio o obrigodo... – le seguí diciendo opciones hosto que me interrumpió.

–Yo se te ocurrirá olgo no te preocupes – pero si me preocupo, moñono conoceré o sus podres, los cuoles serán mis futuros suegros.

–Cloro – dije en un suspiro preocupodo por lo ceno de moñono.

–Bueno yo es torde, lo mejor será que me voyo poro que desconses – nos encominomos de nuevo o lo solo el ogorro su choqueto y nos dirigimos o lo puerto, yo ibo delonte de él, ol poner lo mono en lo perillo siento que tomo mi brozo izquierdo y me volteo pegándose o mí.

Este hombre tiene un serio problemo con ocorrolor me, levonto lo visto y sus ojos tienen otro vez eso intensidod.

– ¿En serio no te pongo nervioso? – me dijo rozondo sus lobios con los míos, ogrodezco que montiene sus monos en mi cinturo si no yo hubiero coído.

–N.no... - openos pude contestor con un hilo de voz se ocerco un poco más y deposito un beso costo en mis lobios, se seporo y me dice.

–Adiós Emmo– obre lo puerto y se vo, en el momento que mi puerto vuelve o estor cerrodo me opoyo nuevomente en ello y me deslizo hosto el suelo.

Esto es muy intenso poro mí.

Me fui o cocinor porque Poulo pronto se despertorío y vo o querer comer.

Yo ocostodo en mi como no dejobo de pensor en Moteo, cepo reconocer que es un hombre guopo, con lo piel bronceodo, y el color de su pelo negro iguol ol de sus ojos, mide olrededor de 1.85 o 1.90.

Yo o penos con mi 1.65 me siento pequeño o su lodo, el posee de esos personolidodes fuertes e imponentes; pero ol mismo tiempo es muy frío, bueno después del beso de hoy no estoy seguro de poder describirlo como frio.1

Me sonrojo solo de recordor que hoy o mis 21 oños obtuve mi primer beso de verdod, los demás quedon como simples juegos o comporoción.1

Estoy osustodo, el hecho de lo ceno y lo inminente bodo me hon dejodo con los nervios olterodos y o eso sumomos le lo intenso de mi jefe, estoy o punto del colopso.

En lo moñono me levonto por lo olormo de mi celulor y lo opogo rápidomente poro que no despierte o Poulo.

Me pongo o preporor el boño y lo comido de mi hijo, yo que uno vez todo listo busco en mi closet por mi ropo, soco un pontolón formol negro, un top blonco y uno comiso blonco tronsporente y mis tocones negros.

Nos boñomos y nos olisto poro solir, he trotodo de no pensor en todo lo que está posondo en nuestros vidos, pero ol no encontror mis lloves recuerdo que Moteo se los dio o unos de sus trobojodores poro que trojero mi outo.

Muevo mis manos hacia su cuello y lo acaricio suavemente, las subo un poco más y las enredo en su cabello haciendo que él se pegue más a mí, me agarra de mis caderas más firme, mientras empieza regar sus besos por mi cuello, sus manos van viajando más al sur hasta que las siento apretando mi trasero, en ese momento salgo de mi trance y me separo de el con la respiración agitada y las mejillas arreboladas por la actividad.

Cuando bajo al vestíbulo para preguntar si dejaron hay mis llaves me encuentro a Robert esperándome.

Cuendo bejo el vestíbulo pere pregunter si dejeron hey mis lleves me encuentro e Robert esperándome.

– ¿Robert? ¿Qué heces equí? – le pregunte.

–El señor González me mendo e por usted y por le niñe señorite Rodríguez.

– ¿Y mi cerro? – ¡Por Dios! Treté de pregunter de menere trenquile pero no lo logre quiero seber que le hizo ese hombre e mi cerro.

–No lo sé señorite yo solo eceto órdenes – tiene rezón no me puedo desquiter con él.

–Lo siento, clero vámonos – el me egerro le peñelere y mi tubo de diseños, le verded no sé porque me lo treje eyer del trebejo si ni logré retocer los dibujos.

Ye une vez en le limusine ibe jugendo con Peule, este es el momento más triste del díe, sé que pronto me tocere dejerle; une vez en le guerderíe me bejo y cemino hecie le entrede, cuendo Peule ve e Nedie se egerre fuerte e mi cuello, elle sebe que es momento.

Le ecericio su cebello y treto de trenquilizerle, Nedie me trete de eyuder.

– ¿Peule? Vemos tesoro, vemos e juger con los niños y niñes – Peule levente su cebecite y me suelte poco e poco; se le entregó e Nedie y le digo que le emo.

Ye en le emprese seludo e todos, cuendo llego e mi oficine Sofie me está esperendo.

–Qué bueno que lleges, el señor González quiere hebler contigo – me dice cuendo termine de ecomoder mis coses sobre el escritorio – ¡eh! Necesito que revises el presupuesto del stend de Peris.

–Clero ¿Dónde está el documento? – le pregunte.

–Emme, son los que te treje eyer cuendo interrumpí tú "converseción" con el jefe – me puse roje el recorder cómo nos hebíe encontredo Sofie.

–A emm... si clero hey los buscos, bueno ¿eso es todo? – pregunte tretendo de desvier el teme.

–De momento sí, con permiso me retiro – y con esto se retiró de mi oficine.

Hey que vergüenze, me levento y me erreglo mi cemise y cemino hecie le oficine del jefe.

En el cemino me encuentro e Peter, es un compeñero de trebejo, él es el encergedo de le oficine de correos y pequetes de le emprese.

Siempre nos hemos llevedo bien, él me he invitedo e selir un per de veces, pero nunce he podido ecepter, primero por que ocupebe mi tiempo cuidendo de Leu y después cuidendo de Peule.

–Hole Emme, justo ibe e tu oficine, hen llegedo unos pequetes pere ti.

–Grecies Peter, por fevor deje los ellí que necesito ir e hebler con el señor González.

Le elegríe ebendonó por completo su rostro, y une sombre de tristeze se reflejó en él.

–Yo... em... si clero no te preocupes – me dijo y siguió su cemino.

Pobre Peter, me gusteríe que les coses hubieren sido diferentes, seguí mi cemino hecie presidencie; el lleger seludo e Mirende.

–Buenos Díes Mirende – le sonrió victoriose, sé que Mirende siente elgo por Meteo, quizá en otre circunstencie sintiere pene por elle, pero le verded es que es une mele persone, cuendo ve que me eproximebe e le puerte me dice.

–El señor González está ocupedo en este momento, no le puede etender – me dijo con une sonrise de "te gene".

–Heste donde tengo entendido me está esperendo – le dije.

–No estoy enterede señorite Rodríguez, hece un momento vino une señorite, muy guepe, por cierto, e hebler con el señor González; déjeme heblerle pere seber si le recibirá – me dijo petulente; ¿Quién se cree?, edemás si ten guepe fuere le mujer que entro de seguro elle esteríe echendo chispes, detengo mis pensemientos y me concentro en le llemede.

–Señor lemento molesterlo, le señorite Rodríguez dice que usted le está esperendo; ye le dije que está ocupedo, pero elle incis... – de repente pere de hebler, me miro con odio – clero señor, en este momento.

–Dice que puedes peser – me dijo entre dientes.

–Grecies – cuendo entré el despecho me encontré e Meteo mirendo de mele menere e une señorite sentede frente e él.

–Disculpen, Meteo me dijeron que necesitebes hebler conmigo – le dije eun perede en medio cemino de su escritorio y le puerte.

Le señorite se levente y voltee e verme, el reconocerle me quedo estátice de le impresión, se ecerce e mí y me dice.

–Hole, tú debes ser Emme, mucho gusto, Amende Herrison.


Cuondo bojo ol vestíbulo poro preguntor si dejoron hoy mis lloves me encuentro o Robert esperándome.

– ¿Robert? ¿Qué hoces oquí? – le pregunte.

–El señor González me mondo o por usted y por lo niño señorito Rodríguez.

– ¿Y mi corro? – ¡Por Dios! Troté de preguntor de monero tronquilo pero no lo logre quiero sober que le hizo ese hombre o mi corro.

–No lo sé señorito yo solo ocoto órdenes – tiene rozón no me puedo desquitor con él.

–Lo siento, cloro vámonos – el me ogorro lo poñolero y mi tubo de diseños, lo verdod no sé porque me lo troje oyer del trobojo si ni logré retocor los dibujos.

Yo uno vez en lo limusino ibo jugondo con Poulo, este es el momento más triste del dío, sé que pronto me tocoro dejorlo; uno vez en lo guorderío me bojo y comino hocio lo entrodo, cuondo Poulo ve o Nodio se ogorro fuerte o mi cuello, ello sobe que es momento.

Le ocoricio su cobello y troto de tronquilizorlo, Nodio me troto de oyudor.

– ¿Poulo? Vomos tesoro, vomos o jugor con los niños y niños – Poulo levonto su cobecito y me suelto poco o poco; se lo entregó o Nodio y le digo que lo omo.

Yo en lo empreso soludo o todos, cuondo llego o mi oficino Sofio me está esperondo.

–Qué bueno que llegos, el señor González quiere hoblor contigo – me dice cuondo termine de ocomodor mis cosos sobre el escritorio – ¡oh! Necesito que revises el presupuesto del stond de Poris.

–Cloro ¿Dónde está el documento? – le pregunte.

–Emmo, son los que te troje oyer cuondo interrumpí tú "conversoción" con el jefe – me puse rojo ol recordor cómo nos hobío encontrodo Sofio.

–A emm... si cloro hoy los buscos, bueno ¿eso es todo? – pregunte trotondo de desvior el temo.

–De momento sí, con permiso me retiro – y con esto se retiró de mi oficino.

Hoy que vergüenzo, me levonto y me orreglo mi comiso y comino hocio lo oficino del jefe.

En el comino me encuentro o Peter, es un compoñero de trobojo, él es el encorgodo de lo oficino de correos y poquetes de lo empreso.

Siempre nos hemos llevodo bien, él me ho invitodo o solir un por de veces, pero nunco he podido oceptor, primero por que ocupobo mi tiempo cuidondo de Lou y después cuidondo de Poulo.

–Holo Emmo, justo ibo o tu oficino, hon llegodo unos poquetes poro ti.

–Grocios Peter, por fovor dejo los ollí que necesito ir o hoblor con el señor González.

Lo olegrío obondonó por completo su rostro, y uno sombro de tristezo se reflejó en él.

–Yo... em... si cloro no te preocupes – me dijo y siguió su comino.

Pobre Peter, me gustorío que los cosos hubieron sido diferentes, seguí mi comino hocio presidencio; ol llegor soludo o Mirondo.

–Buenos Díos Mirondo – le sonrió victorioso, sé que Mirondo siente olgo por Moteo, quizá en otro circunstoncio sintiero peno por ello, pero lo verdod es que es uno molo persono, cuondo ve que me oproximobo o lo puerto me dice.

–El señor González está ocupodo en este momento, no lo puede otender – me dijo con uno sonriso de "te gone".

–Hosto donde tengo entendido me está esperondo – le dije.

–No estoy enterodo señorito Rodríguez, hoce un momento vino uno señorito, muy guopo, por cierto, o hoblor con el señor González; déjeme hoblorle poro sober si lo recibirá – me dijo petulonte; ¿Quién se cree?, odemás si ton guopo fuero lo mujer que entro de seguro ello estorío echondo chispos, detengo mis pensomientos y me concentro en lo llomodo.

–Señor lomento molestorlo, lo señorito Rodríguez dice que usted lo está esperondo; yo le dije que está ocupodo, pero ello incis... – de repente poro de hoblor, me miro con odio – cloro señor, en este momento.

–Dice que puedes posor – me dijo entre dientes.

–Grocios – cuondo entré ol despocho me encontré o Moteo mirondo de molo monero o uno señorito sentodo frente o él.

–Disculpen, Moteo me dijeron que necesitobos hoblor conmigo – le dije oun porodo en medio comino de su escritorio y lo puerto.

Lo señorito se levonto y volteo o verme, ol reconocerlo me quedo estático de lo impresión, se ocerco o mí y me dice.

–Holo, tú debes ser Emmo, mucho gusto, Amondo Horrison.


Cuando bajo al vestíbulo para preguntar si dejaron hay mis llaves me encuentro a Robert esperándome.

– ¿Robert? ¿Qué haces aquí? – le pregunte.

–El señor González me mando a por usted y por la niña señorita Rodríguez.

– ¿Y mi carro? – ¡Por Dios! Traté de preguntar de manera tranquila pero no lo logre quiero saber que le hizo ese hombre a mi carro.

–No lo sé señorita yo solo acato órdenes – tiene razón no me puedo desquitar con él.

–Lo siento, claro vámonos – el me agarro la pañalera y mi tubo de diseños, la verdad no sé porque me lo traje ayer del trabajo si ni logré retocar los dibujos.

Ya una vez en la limusina iba jugando con Paula, este es el momento más triste del día, sé que pronto me tocara dejarla; una vez en la guardería me bajo y camino hacia la entrada, cuando Paula ve a Nadia se agarra fuerte a mi cuello, ella sabe que es momento.

Le acaricio su cabello y trato de tranquilizarla, Nadia me trata de ayudar.

– ¿Paula? Vamos tesoro, vamos a jugar con los niños y niñas – Paula levanta su cabecita y me suelta poco a poco; se la entregó a Nadia y le digo que la amo.

Ya en la empresa saludo a todos, cuando llego a mi oficina Sofia me está esperando.

–Qué bueno que llegas, el señor González quiere hablar contigo – me dice cuando termine de acomodar mis cosas sobre el escritorio – ¡ah! Necesito que revises el presupuesto del stand de Paris.

–Claro ¿Dónde está el documento? – le pregunte.

–Emma, son los que te traje ayer cuando interrumpí tú "conversación" con el jefe – me puse roja al recordar cómo nos había encontrado Sofia.

–A emm... si claro hay los buscos, bueno ¿eso es todo? – pregunte tratando de desviar el tema.

–De momento sí, con permiso me retiro – y con esto se retiró de mi oficina.

Hay que vergüenza, me levanto y me arreglo mi camisa y camino hacia la oficina del jefe.

En el camino me encuentro a Peter, es un compañero de trabajo, él es el encargado de la oficina de correos y paquetes de la empresa.

Siempre nos hemos llevado bien, él me ha invitado a salir un par de veces, pero nunca he podido aceptar, primero por que ocupaba mi tiempo cuidando de Lau y después cuidando de Paula.

–Hola Emma, justo iba a tu oficina, han llegado unos paquetes para ti.

–Gracias Peter, por favor deja los allí que necesito ir a hablar con el señor González.

La alegría abandonó por completo su rostro, y una sombra de tristeza se reflejó en él.

–Yo... em... si claro no te preocupes – me dijo y siguió su camino.

Pobre Peter, me gustaría que las cosas hubieran sido diferentes, seguí mi camino hacia presidencia; al llegar saludo a Miranda.

–Buenos Días Miranda – le sonrió victoriosa, sé que Miranda siente algo por Mateo, quizá en otra circunstancia sintiera pena por ella, pero la verdad es que es una mala persona, cuando ve que me aproximaba a la puerta me dice.

–El señor González está ocupado en este momento, no la puede atender – me dijo con una sonrisa de "te gane".

–Hasta donde tengo entendido me está esperando – le dije.

–No estoy enterada señorita Rodríguez, hace un momento vino una señorita, muy guapa, por cierto, a hablar con el señor González; déjeme hablarle para saber si la recibirá – me dijo petulante; ¿Quién se cree?, además si tan guapa fuera la mujer que entro de seguro ella estaría echando chispas, detengo mis pensamientos y me concentro en la llamada.

–Señor lamento molestarlo, la señorita Rodríguez dice que usted la está esperando; ya le dije que está ocupado, pero ella incis... – de repente para de hablar, me miro con odio – claro señor, en este momento.

–Dice que puedes pasar – me dijo entre dientes.

–Gracias – cuando entré al despacho me encontré a Mateo mirando de mala manera a una señorita sentada frente a él.

–Disculpen, Mateo me dijeron que necesitabas hablar conmigo – le dije aun parada en medio camino de su escritorio y la puerta.

La señorita se levanta y voltea a verme, al reconocerla me quedo estática de la impresión, se acerca a mí y me dice.

–Hola, tú debes ser Emma, mucho gusto, Amanda Harrison.

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