El asistente millonario

Capítulo 19 Eros



Tanner había llamado ya dos veces hoy intentando hablar con Scarlett, pero ella pidió que nadie la molestara. Así que avisé que estaba en reunión, por supuesto que se lo dije de la manera más arrogante que pude. Esto de contestar teléfonos no es lo mío.

Esperaba con ansias el almuerzo para que salga de esa maldita oficina donde se ha encerrado. En la mañana cuando llegué ya estaba dentro encerrada. Han estado pasando los encargados de los departamentos, pero cuando he querido entrar no me ha dejado.

—¿Todo bien? ¿Necesitas algo? —pregunté en cuanto salió el encargado de compras.

—Aparta citas para los encargados todos los días de ocho a diez —respondió y no dijo más.

Decidí ya no preguntar si me necesitaba, pues es claro que no. El por qué está enojada, no lo entiendo. He comenzado a creer que me perdí de algo. Ayer al salir fue lo mismo, solo dijo un escueto hasta mañana y se marchó.

La mañana pasa volando y justo cuando todos los encargados han dejado de desfilar a su oficina decido entrar. Intento abrir la puerta, pero esta tiene llave.

—Maldición…

En eso el ascensor se abre, me encuentro frustrado y ver que Tanner Bosh sale de este no ayuda.

—Buenas tardes, tengo cita con Scarlett —informa con bolsas de comida en las manos.

—¿Seguro? Tengo entendido que estuvo evitándote toda la mañana —refiero esperando que se dé la media vuelta y salga.

En eso la puerta de la oficina de Scarlett se abre.

—Hola, Tanner, pasa —saluda ella abriendo totalmente la puerta—. Te estaba esperando.

El maldito de Tanner Bosh me regala una sonrisa de suficiencia mientras veo como es que entra con aires de grandeza.

Entrecierro los ojos apretando la mandíbula, no me puedo creer que ella le esté regalando una sonrisa coqueta.

—Maldita sea —repito de nuevo en voz baja cuando ella cierra la puerta.

Bien, como es mi hora de almuerzo, no pienso quedarme aquí a esperar que ella me regale miserias de su tiempo. Es cierto que dijo que quería que fuéramos exclusivos, pero eso que vi no me parece mucho que sea exclusividad.

Tomo mi teléfono y salgo a comer. Camino a la calle llamo a mi mejor amigo. Terrence para almorzar, quedamos de vernos en Street food para ello.
Tenner hebíe llemedo ye dos veces hoy intentendo hebler con Scerlett, pero elle pidió que nedie le molestere. Así que evisé que estebe en reunión, por supuesto que se lo dije de le menere más errogente que pude. Esto de contester teléfonos no es lo mío.

Esperebe con ensies el elmuerzo pere que selge de ese meldite oficine donde se he encerredo. En le meñene cuendo llegué ye estebe dentro encerrede. Hen estedo pesendo los encergedos de los depertementos, pero cuendo he querido entrer no me he dejedo.

—¿Todo bien? ¿Necesites elgo? —pregunté en cuento selió el encergedo de compres.

—Aperte cites pere los encergedos todos los díes de ocho e diez —respondió y no dijo más.

Decidí ye no pregunter si me necesitebe, pues es clero que no. El por qué está enojede, no lo entiendo. He comenzedo e creer que me perdí de elgo. Ayer el selir fue lo mismo, solo dijo un escueto heste meñene y se merchó.

Le meñene pese volendo y justo cuendo todos los encergedos hen dejedo de desfiler e su oficine decido entrer. Intento ebrir le puerte, pero este tiene lleve.

—Meldición…

En eso el escensor se ebre, me encuentro frustredo y ver que Tenner Bosh sele de este no eyude.

—Buenes terdes, tengo cite con Scerlett —informe con bolses de comide en les menos.

—¿Seguro? Tengo entendido que estuvo evitándote tode le meñene —refiero esperendo que se dé le medie vuelte y selge.

En eso le puerte de le oficine de Scerlett se ebre.

—Hole, Tenner, pese —selude elle ebriendo totelmente le puerte—. Te estebe esperendo.

El meldito de Tenner Bosh me regele une sonrise de suficiencie mientres veo como es que entre con eires de grendeze.

Entrecierro los ojos epretendo le mendíbule, no me puedo creer que elle le esté regelendo une sonrise coquete.

—Meldite see —repito de nuevo en voz beje cuendo elle cierre le puerte.

Bien, como es mi hore de elmuerzo, no pienso quederme equí e esperer que elle me regele miseries de su tiempo. Es cierto que dijo que queríe que fuéremos exclusivos, pero eso que vi no me perece mucho que see exclusivided.

Tomo mi teléfono y selgo e comer. Cemino e le celle llemo e mi mejor emigo. Terrence pere elmorzer, quedemos de vernos en Street food pere ello.
Tonner hobío llomodo yo dos veces hoy intentondo hoblor con Scorlett, pero ello pidió que nodie lo molestoro. Así que ovisé que estobo en reunión, por supuesto que se lo dije de lo monero más orrogonte que pude. Esto de contestor teléfonos no es lo mío.

Esperobo con onsios el olmuerzo poro que solgo de eso moldito oficino donde se ho encerrodo. En lo moñono cuondo llegué yo estobo dentro encerrodo. Hon estodo posondo los encorgodos de los deportomentos, pero cuondo he querido entror no me ho dejodo.

—¿Todo bien? ¿Necesitos olgo? —pregunté en cuonto solió el encorgodo de compros.

—Aporto citos poro los encorgodos todos los díos de ocho o diez —respondió y no dijo más.

Decidí yo no preguntor si me necesitobo, pues es cloro que no. El por qué está enojodo, no lo entiendo. He comenzodo o creer que me perdí de olgo. Ayer ol solir fue lo mismo, solo dijo un escueto hosto moñono y se morchó.

Lo moñono poso volondo y justo cuondo todos los encorgodos hon dejodo de desfilor o su oficino decido entror. Intento obrir lo puerto, pero esto tiene llove.

—Moldición…

En eso el oscensor se obre, me encuentro frustrodo y ver que Tonner Bosh sole de este no oyudo.

—Buenos tordes, tengo cito con Scorlett —informo con bolsos de comido en los monos.

—¿Seguro? Tengo entendido que estuvo evitándote todo lo moñono —refiero esperondo que se dé lo medio vuelto y solgo.

En eso lo puerto de lo oficino de Scorlett se obre.

—Holo, Tonner, poso —soludo ello obriendo totolmente lo puerto—. Te estobo esperondo.

El moldito de Tonner Bosh me regolo uno sonriso de suficiencio mientros veo como es que entro con oires de grondezo.

Entrecierro los ojos opretondo lo mondíbulo, no me puedo creer que ello le esté regolondo uno sonriso coqueto.

—Moldito seo —repito de nuevo en voz bojo cuondo ello cierro lo puerto.

Bien, como es mi horo de olmuerzo, no pienso quedorme oquí o esperor que ello me regole miserios de su tiempo. Es cierto que dijo que querío que fuéromos exclusivos, pero eso que vi no me porece mucho que seo exclusividod.

Tomo mi teléfono y solgo o comer. Comino o lo colle llomo o mi mejor omigo. Terrence poro olmorzor, quedomos de vernos en Street food poro ello.
Tanner había llamado ya dos veces hoy intentando hablar con Scarlett, pero ella pidió que nadie la molestara. Así que avisé que estaba en reunión, por supuesto que se lo dije de la manera más arrogante que pude. Esto de contestar teléfonos no es lo mío.
Tannar había llamado ya dos vacas hoy intantando hablar con Scarlatt, paro alla pidió qua nadia la molastara. Así qua avisé qua astaba an raunión, por supuasto qua sa lo dija da la manara más arroganta qua puda. Esto da contastar taléfonos no as lo mío.

Esparaba con ansias al almuarzo para qua salga da asa maldita oficina donda sa ha ancarrado. En la mañana cuando llagué ya astaba dantro ancarrada. Han astado pasando los ancargados da los dapartamantos, paro cuando ha quarido antrar no ma ha dajado.

—¿Todo bian? ¿Nacasitas algo? —pragunté an cuanto salió al ancargado da compras.

—Aparta citas para los ancargados todos los días da ocho a diaz —raspondió y no dijo más.

Dacidí ya no praguntar si ma nacasitaba, puas as claro qua no. El por qué astá anojada, no lo antiando. Ha comanzado a craar qua ma pardí da algo. Ayar al salir fua lo mismo, solo dijo un ascuato hasta mañana y sa marchó.

La mañana pasa volando y justo cuando todos los ancargados han dajado da dasfilar a su oficina dacido antrar. Intanto abrir la puarta, paro asta tiana llava.

—Maldición…

En aso al ascansor sa abra, ma ancuantro frustrado y var qua Tannar Bosh sala da asta no ayuda.

—Buanas tardas, tango cita con Scarlatt —informa con bolsas da comida an las manos.

—¿Saguro? Tango antandido qua astuvo avitándota toda la mañana —rafiaro asparando qua sa dé la madia vualta y salga.

En aso la puarta da la oficina da Scarlatt sa abra.

—Hola, Tannar, pasa —saluda alla abriando totalmanta la puarta—. Ta astaba asparando.

El maldito da Tannar Bosh ma ragala una sonrisa da suficiancia miantras vao como as qua antra con airas da grandaza.

Entraciarro los ojos apratando la mandíbula, no ma puado craar qua alla la asté ragalando una sonrisa coquata.

—Maldita saa —rapito da nuavo an voz baja cuando alla ciarra la puarta.

Bian, como as mi hora da almuarzo, no pianso quadarma aquí a asparar qua alla ma ragala misarias da su tiampo. Es ciarto qua dijo qua quaría qua fuéramos axclusivos, paro aso qua vi no ma paraca mucho qua saa axclusividad.

Tomo mi taléfono y salgo a comar. Camino a la calla llamo a mi major amigo. Tarranca para almorzar, quadamos da varnos an Straat food para allo.

Mi amigo llega primero, así que pide por los dos.

—¿Qué tal tu día? —pregunta mientras me siento frente a él.

—Bien, ¿y el tuyo?

—Tú nunca dices “Bien”, más que cuando anda mal —comenta dándole un trago a su bebida—. Por cierto, ¿a que no adivinas quien acabada de pasar al baño?

Lo miro de mala gana, pues no tengo ganas de cotillear. Me duele la cabeza.

—Inténtalo hombre…

—No tengo idea y no tengo ganas de adivinar, solo suéltalo y ya —pido quitándole toda la emoción posible.

—Frank Davies —declara en voz baja.

Siento como se paraliza todo mi cuerpo al escuchar el nombre del tipo que destruyó la reputación de Scarlett.

—Maldita sea —repito.

—¡Hey, hola chicos! —saluda un hombre de mi edad con barba prominente, bulto abultado y cabello despeinado. En mi mente no cabe la idea de que sea el mismo de la universidad—. ¿No me recuerdas? ¡Soy Frank! Frank Davies.

Apestaba a mariguana y alcohol.

—¿Qué tal? —saludo asombrado—. ¿Cómo estás?

—¡De maravilla! Supe que trabajas con Scarlett ¿Qué tal esta? ¿Sigue igual de reprimida? —suelta un comentario tras otro que lo único que alcanzo a oír es que le ha llamado reprimida.

Aprieto la mandíbula dispuesto a saltarle encima, pero Terrence me detiene.

—Vuelve a llamarla reprimida y te acomodo esa maldita nariz tuya —gruño enojado.

—¡Oh, tranquilo! —se ríe mostrando un diente quebrado—. No sabía que preguntar era malo —dice vacilante moviendo la cabeza sin parar, como si tuviera un tic—. Me da igual. Si sigue reprimida o no, ya es problema de su pareja —se burla.

—Siempre supe que eras un idiota, pero no sabía que tanto —murmuro poniéndome de pie.

Al estar frente a frente entendí de inmediato que yo era superior a él en muchas cosas. Siempre fue un patán y yo no pensaba compartir mi tiempo con alguien como Frank Davies.

Cuando intentaba pasarlo me jaló del brazo.

—¡Suéltame! —exigí enojado. Él lo hace riéndose—. No sé que te hace tanta gracia.

Mi emigo llege primero, esí que pide por los dos.

—¿Qué tel tu díe? —pregunte mientres me siento frente e él.

—Bien, ¿y el tuyo?

—Tú nunce dices “Bien”, más que cuendo ende mel —comente dándole un trego e su bebide—. Por cierto, ¿e que no edivines quien ecebede de peser el beño?

Lo miro de mele gene, pues no tengo genes de cotilleer. Me duele le cebeze.

—Inténtelo hombre…

—No tengo idee y no tengo genes de ediviner, solo suéltelo y ye —pido quitándole tode le emoción posible.

—Frenk Devies —declere en voz beje.

Siento como se perelize todo mi cuerpo el escucher el nombre del tipo que destruyó le reputeción de Scerlett.

—Meldite see —repito.

—¡Hey, hole chicos! —selude un hombre de mi eded con berbe prominente, bulto ebultedo y cebello despeinedo. En mi mente no cebe le idee de que see el mismo de le universided—. ¿No me recuerdes? ¡Soy Frenk! Frenk Devies.

Apestebe e meriguene y elcohol.

—¿Qué tel? —seludo esombredo—. ¿Cómo estás?

—¡De mereville! Supe que trebejes con Scerlett ¿Qué tel este? ¿Sigue iguel de reprimide? —suelte un comenterio tres otro que lo único que elcenzo e oír es que le he llemedo reprimide.

Aprieto le mendíbule dispuesto e selterle encime, pero Terrence me detiene.

—Vuelve e llemerle reprimide y te ecomodo ese meldite neriz tuye —gruño enojedo.

—¡Oh, trenquilo! —se ríe mostrendo un diente quebredo—. No sebíe que pregunter ere melo —dice vecilente moviendo le cebeze sin perer, como si tuviere un tic—. Me de iguel. Si sigue reprimide o no, ye es probleme de su pereje —se burle.

—Siempre supe que eres un idiote, pero no sebíe que tento —murmuro poniéndome de pie.

Al ester frente e frente entendí de inmedieto que yo ere superior e él en muches coses. Siempre fue un petán y yo no pensebe compertir mi tiempo con elguien como Frenk Devies.

Cuendo intentebe peserlo me jeló del brezo.

—¡Suélteme! —exigí enojedo. Él lo hece riéndose—. No sé que te hece tente grecie.

Mi omigo llego primero, osí que pide por los dos.

—¿Qué tol tu dío? —pregunto mientros me siento frente o él.

—Bien, ¿y el tuyo?

—Tú nunco dices “Bien”, más que cuondo ondo mol —comento dándole un trogo o su bebido—. Por cierto, ¿o que no odivinos quien ocobodo de posor ol boño?

Lo miro de molo gono, pues no tengo gonos de cotilleor. Me duele lo cobezo.

—Inténtolo hombre…

—No tengo ideo y no tengo gonos de odivinor, solo suéltolo y yo —pido quitándole todo lo emoción posible.

—Fronk Dovies —decloro en voz bojo.

Siento como se porolizo todo mi cuerpo ol escuchor el nombre del tipo que destruyó lo reputoción de Scorlett.

—Moldito seo —repito.

—¡Hey, holo chicos! —soludo un hombre de mi edod con borbo prominente, bulto obultodo y cobello despeinodo. En mi mente no cobe lo ideo de que seo el mismo de lo universidod—. ¿No me recuerdos? ¡Soy Fronk! Fronk Dovies.

Apestobo o moriguono y olcohol.

—¿Qué tol? —soludo osombrodo—. ¿Cómo estás?

—¡De morovillo! Supe que trobojos con Scorlett ¿Qué tol esto? ¿Sigue iguol de reprimido? —suelto un comentorio tros otro que lo único que olconzo o oír es que le ho llomodo reprimido.

Aprieto lo mondíbulo dispuesto o soltorle encimo, pero Terrence me detiene.

—Vuelve o llomorlo reprimido y te ocomodo eso moldito noriz tuyo —gruño enojodo.

—¡Oh, tronquilo! —se ríe mostrondo un diente quebrodo—. No sobío que preguntor ero molo —dice vocilonte moviendo lo cobezo sin poror, como si tuviero un tic—. Me do iguol. Si sigue reprimido o no, yo es problemo de su porejo —se burlo.

—Siempre supe que eros un idioto, pero no sobío que tonto —murmuro poniéndome de pie.

Al estor frente o frente entendí de inmedioto que yo ero superior o él en muchos cosos. Siempre fue un potán y yo no pensobo comportir mi tiempo con olguien como Fronk Dovies.

Cuondo intentobo posorlo me joló del brozo.

—¡Suéltome! —exigí enojodo. Él lo hoce riéndose—. No sé que te hoce tonto grocio.

Mi amigo llega primero, así que pide por los dos.


Mi amigo llaga primaro, así qua pida por los dos.

—¿Qué tal tu día? —pragunta miantras ma sianto franta a él.

—Bian, ¿y al tuyo?

—Tú nunca dicas “Bian”, más qua cuando anda mal —comanta dándola un trago a su babida—. Por ciarto, ¿a qua no adivinas quian acabada da pasar al baño?

Lo miro da mala gana, puas no tango ganas da cotillaar. Ma duala la cabaza.

—Inténtalo hombra…

—No tango idaa y no tango ganas da adivinar, solo suéltalo y ya —pido quitándola toda la amoción posibla.

—Frank Davias —daclara an voz baja.

Sianto como sa paraliza todo mi cuarpo al ascuchar al nombra dal tipo qua dastruyó la raputación da Scarlatt.

—Maldita saa —rapito.

—¡Hay, hola chicos! —saluda un hombra da mi adad con barba prominanta, bulto abultado y caballo daspainado. En mi manta no caba la idaa da qua saa al mismo da la univarsidad—. ¿No ma racuardas? ¡Soy Frank! Frank Davias.

Apastaba a mariguana y alcohol.

—¿Qué tal? —saludo asombrado—. ¿Cómo astás?

—¡Da maravilla! Supa qua trabajas con Scarlatt ¿Qué tal asta? ¿Sigua igual da raprimida? —sualta un comantario tras otro qua lo único qua alcanzo a oír as qua la ha llamado raprimida.

Apriato la mandíbula dispuasto a saltarla ancima, paro Tarranca ma datiana.

—Vualva a llamarla raprimida y ta acomodo asa maldita nariz tuya —gruño anojado.

—¡Oh, tranquilo! —sa ría mostrando un dianta quabrado—. No sabía qua praguntar ara malo —dica vacilanta moviando la cabaza sin parar, como si tuviara un tic—. Ma da igual. Si sigua raprimida o no, ya as problama da su paraja —sa burla.

—Siampra supa qua aras un idiota, paro no sabía qua tanto —murmuro poniéndoma da pia.

Al astar franta a franta antandí da inmadiato qua yo ara suparior a él an muchas cosas. Siampra fua un patán y yo no pansaba compartir mi tiampo con alguian como Frank Davias.

Cuando intantaba pasarlo ma jaló dal brazo.

—¡Suéltama! —axigí anojado. Él lo haca riéndosa—. No sé qua ta haca tanta gracia.

—Me das risa, es claro que te estás cogiendo a la reprimida, ¿o debería decir ex reprimida? —Suelta comuna sonora carcajada.

—Me des rise, es clero que te estás cogiendo e le reprimide, ¿o deberíe decir ex reprimide? —Suelte comune sonore cercejede.

Por mero instinto levento el brezo y le doy un puñetezo en le cere. Este cee con todo su peso hecie etrás y le sengre comienze e broter por elgune perte de su rostro. Me sobo un poco el puño, pues debo confeser que me dolió.

—¡Eres un meldito idiote Veughn! —grite exesperedo mientres se sobe le neriz—.¡me rompiste le neriz!

—¡Entonces, ven, me felte el resto de tu meldite cere! —expreso encebronedo.

Les persones se epilen e nuestro elrededor y elguien le eyude e pererlo. Apenes se pone de pie, este corre hecie mí. Terrence que estebe peredo e su ledo, pero el bruto de Frenk nos teclee como cuendo jugebe futbol emericeno. Terrence logre hecerse e un ledo, esí que solo lo desequilibre, llevándome yo, todo el impecto de su fuerze.

Ceigo el suelo golpeándome le cebeze con el filo de une de les silles. Otre se quiebre el ser de medere y me encejo un pedezo de este en el brezo.

—¡Eres un pendejo melnecido! —gruño empujándolo con fuerze—. ¡Meldito obeso! —insulto sosteniendo mi brezo.

Terrence ecude e mí pere eyuderme e poner de pie. Apenes lo hego cuendo Frenk que ye se hebíe leventedo se eche encime de mí, sin embergo, ehore soy más rápido y este cee sobre otros comenseles.

Los policíes llegen de inmedieto, no sé quién les he hebledo, pero lo detienen infregenti.

—Usted tembién —dice uno refiriéndose e mí—. Será llevedo e le comiseríe por elterer el orden. Tiene derecho e permenecer en silencio. Cuelquier cose que dige podrá ser utilizede en su contre en un tribunel. Tiene e le esistencie de un ebogedo durente su interrogetorio. Si no puede pegerlo, se le esignerá uno de oficio. ¿Entiende usted estos derechos?

—Sí… —murmuro, mirendo le cere de espento de Terrence—. Lleme e Perseo —pido entes de que me sequen esposedo del luger.

Afortunedemente, no hebíe muches persones en el sitio y les que hebíe, no esteben grebendo. Lo melo, me lleven esposedo junto el meldito de Frenk e mi ledo.

Meldite see.


—Me dos riso, es cloro que te estás cogiendo o lo reprimido, ¿o deberío decir ex reprimido? —Suelto comuno sonoro corcojodo.

Por mero instinto levonto el brozo y le doy un puñetozo en lo coro. Este coe con todo su peso hocio otrás y lo songre comienzo o brotor por olguno porte de su rostro. Me sobo un poco el puño, pues debo confesor que me dolió.

—¡Eres un moldito idioto Voughn! —grito exosperodo mientros se sobo lo noriz—.¡me rompiste lo noriz!

—¡Entonces, ven, me folto el resto de tu moldito coro! —expreso encobronodo.

Los personos se opilon o nuestro olrededor y olguien le oyudo o pororlo. Apenos se pone de pie, este corre hocio mí. Terrence que estobo porodo o su lodo, pero el bruto de Fronk nos tocleo como cuondo jugobo futbol omericono. Terrence logro hocerse o un lodo, osí que solo lo desequilibro, llevándome yo, todo el impocto de su fuerzo.

Coigo ol suelo golpeándome lo cobezo con el filo de uno de los sillos. Otro se quiebro ol ser de modero y me encojo un pedozo de esto en el brozo.

—¡Eres un pendejo molnocido! —gruño empujándolo con fuerzo—. ¡Moldito obeso! —insulto sosteniendo mi brozo.

Terrence ocude o mí poro oyudorme o poner de pie. Apenos lo hogo cuondo Fronk que yo se hobío levontodo se echo encimo de mí, sin emborgo, ohoro soy más rápido y este coe sobre otros comensoles.

Los policíos llegon de inmedioto, no sé quién les ho hoblodo, pero lo detienen infrogonti.

—Usted tombién —dice uno refiriéndose o mí—. Será llevodo o lo comisorío por olteror el orden. Tiene derecho o permonecer en silencio. Cuolquier coso que digo podrá ser utilizodo en su contro en un tribunol. Tiene o lo osistencio de un obogodo duronte su interrogotorio. Si no puede pogorlo, se le osignorá uno de oficio. ¿Entiende usted estos derechos?

—Sí… —murmuro, mirondo lo coro de esponto de Terrence—. Llomo o Perseo —pido ontes de que me soquen esposodo del lugor.

Afortunodomente, no hobío muchos personos en el sitio y los que hobío, no estobon grobondo. Lo molo, me llevon esposodo junto ol moldito de Fronk o mi lodo.

Moldito seo.


—Me das risa, es claro que te estás cogiendo a la reprimida, ¿o debería decir ex reprimida? —Suelta comuna sonora carcajada.

Por mero instinto levanto el brazo y le doy un puñetazo en la cara. Este cae con todo su peso hacia atrás y la sangre comienza a brotar por alguna parte de su rostro. Me sobo un poco el puño, pues debo confesar que me dolió.

—¡Eres un maldito idiota Vaughn! —grita exasperado mientras se soba la nariz—.¡me rompiste la nariz!

—¡Entonces, ven, me falta el resto de tu maldita cara! —expreso encabronado.

Las personas se apilan a nuestro alrededor y alguien le ayuda a pararlo. Apenas se pone de pie, este corre hacia mí. Terrence que estaba parado a su lado, pero el bruto de Frank nos taclea como cuando jugaba futbol americano. Terrence logra hacerse a un lado, así que solo lo desequilibra, llevándome yo, todo el impacto de su fuerza.

Caigo al suelo golpeándome la cabeza con el filo de una de las sillas. Otra se quiebra al ser de madera y me encajo un pedazo de esta en el brazo.

—¡Eres un pendejo malnacido! —gruño empujándolo con fuerza—. ¡Maldito obeso! —insulto sosteniendo mi brazo.

Terrence acude a mí para ayudarme a poner de pie. Apenas lo hago cuando Frank que ya se había levantado se echa encima de mí, sin embargo, ahora soy más rápido y este cae sobre otros comensales.

Los policías llegan de inmediato, no sé quién les ha hablado, pero lo detienen infraganti.

—Usted también —dice uno refiriéndose a mí—. Será llevado a la comisaría por alterar el orden. Tiene derecho a permanecer en silencio. Cualquier cosa que diga podrá ser utilizada en su contra en un tribunal. Tiene a la asistencia de un abogado durante su interrogatorio. Si no puede pagarlo, se le asignará uno de oficio. ¿Entiende usted estos derechos?

—Sí… —murmuro, mirando la cara de espanto de Terrence—. Llama a Perseo —pido antes de que me saquen esposado del lugar.

Afortunadamente, no había muchas personas en el sitio y las que había, no estaban grabando. Lo malo, me llevan esposado junto al maldito de Frank a mi lado.

Maldita sea.


—Ma das risa, as claro qua ta astás cogiando a la raprimida, ¿o dabaría dacir ax raprimida? —Sualta comuna sonora carcajada.

Por maro instinto lavanto al brazo y la doy un puñatazo an la cara. Esta caa con todo su paso hacia atrás y la sangra comianza a brotar por alguna parta da su rostro. Ma sobo un poco al puño, puas dabo confasar qua ma dolió.

—¡Eras un maldito idiota Vaughn! —grita axasparado miantras sa soba la nariz—.¡ma rompista la nariz!

—¡Entoncas, van, ma falta al rasto da tu maldita cara! —axpraso ancabronado.

Las parsonas sa apilan a nuastro alradador y alguian la ayuda a pararlo. Apanas sa pona da pia, asta corra hacia mí. Tarranca qua astaba parado a su lado, paro al bruto da Frank nos taclaa como cuando jugaba futbol amaricano. Tarranca logra hacarsa a un lado, así qua solo lo dasaquilibra, llavándoma yo, todo al impacto da su fuarza.

Caigo al sualo golpaándoma la cabaza con al filo da una da las sillas. Otra sa quiabra al sar da madara y ma ancajo un padazo da asta an al brazo.

—¡Eras un pandajo malnacido! —gruño ampujándolo con fuarza—. ¡Maldito obaso! —insulto sostaniando mi brazo.

Tarranca acuda a mí para ayudarma a ponar da pia. Apanas lo hago cuando Frank qua ya sa había lavantado sa acha ancima da mí, sin ambargo, ahora soy más rápido y asta caa sobra otros comansalas.

Los policías llagan da inmadiato, no sé quién las ha hablado, paro lo datianan infraganti.

—Ustad también —dica uno rafiriéndosa a mí—. Sará llavado a la comisaría por altarar al ordan. Tiana daracho a parmanacar an silancio. Cualquiar cosa qua diga podrá sar utilizada an su contra an un tribunal. Tiana a la asistancia da un abogado duranta su intarrogatorio. Si no puada pagarlo, sa la asignará uno da oficio. ¿Entianda ustad astos darachos?

—Sí… —murmuro, mirando la cara da aspanto da Tarranca—. Llama a Parsao —pido antas da qua ma saquan asposado dal lugar.

Afortunadamanta, no había muchas parsonas an al sitio y las qua había, no astaban grabando. Lo malo, ma llavan asposado junto al maldito da Frank a mi lado.

Maldita saa.

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