El asistente millonario

Capítulo 26 Eros



Luego de alistarme, dejo mi auto para después y, en cambio, tomo mi todoterreno Land Rover, que es lo más familiar que poseo.
Luego de alistarme, dejo mi auto para después y, en cambio, tomo mi todoterreno Land Rover, que es lo más familiar que poseo.

—¡Vuelvo más tarde! —informo a Davyna.

—¡Señor, Vaughn, espere! —grita desde alguna parte de mi mansión.

De pronto sale de la aérea de la biblioteca.

—Ha llamado la señorita sámara —explica tomando aire—. Dice que viene acá.

Mi cara de disgusto no le pasa desapercibida.

—¿Le dijiste que estaba aquí?

—No, ni oportunidad me dio —comenta y en eso escucho cómo suena el botón de la entrada principal.

—Maldición…

Davyna me ve sin saber qué decir. No es su culpa. Olvidé mi sesión con Sámara, estoy obligado a cumplir mi trato. Camino derrotado arriba, saco mi móvil para cancelar con Scarlett.

—Señor, espere —comenta Davyna—. Solo dígale que no puede. No pasa de que se enoje.

Lo pienso un momento y quizás tenga razón. Me apeo de vuelta a la salida mientras Sámara espera a que se le abra el cerco. Subo a mi todoterreno y conduzco hasta la entrada. Ella me ve, pero no dice nada, se hace hacia atrás y se orilla. Abro el portón y conduzco fuera.

—Lo siento —digo de ventana a ventana del conductor—. Tengo un compromiso. ¿Lo dejamos para después? – inquiero mostrando mi mejor sonrisa.

—Ya que —sonríe de mala gana—. Solo que será sesión doble.

—Vale. Nos ponemos de acuerdo —digo y me despido con un asentamiento de cabeza.

Sámara hace lo mismo y dejo que ella salga primero. Lo hace y se va. Solo cuando la he perdido de vista es que me pongo en marcha.

La última vez que nos vimos, me confesó que quería aprender a atar. De un tiempo acá se ha estado formando en el camino de una dominatrix. Al menos su domina maestra le tiene paciencia, excepto cuando se trata de bondage, así que con el permiso de ella quedé en enseñarle. Llego a casa de Scarlett justo a la una, le aviso que estoy en la entrada el edificio y ellos bajan.

Como le aconsejé a Ezra, él se ha puesto lo que le recomendé.

—Pensé que no vendrías —comenta Scarlett.

—¿Y ya te habías alegrado? —inquiero divertido.

—Algo así.

Todos suben a mi auto y se ponen los cinturones.

—¿Podemos llegar por un ramo de flores? —pregunta Ezra.

—Claro, pero no compres un ramo, eso es demasiado para la primera cita, solo cómprale una flor y que no sea roja —sugiero.

—¿Por qué no debe ser roja? —pregunta Elzie.

—Porque el rojo es para más adelante… —comento sin añadir más y noto la insatisfacción en mi respuesta—. Es para cuando las personas se aman mucho.

—ah —mencionan al mismo tiempo los gemelos.

Scarlett no dice nada, pero me ve raro. La ignoro y conduzco a una florería. El camino se hace rápido porque los chicos no dejan de hablar. Scarlett les habla sobre las vacaciones en Hawái.

El cielo yace soleado para ser primeros de diciembre. Es cuestión para que comience el mes y la lluvia nos acompaña cada día.

Llegamos a la florería, Ezra se baja a comprar lo que necesita. Mientras esperamos le mando un mensaje de que no olvide comprarle flores a su madre y hermana. Estas se regalan no solo a quien cortejas, sino también a quien amas.

Cuando vuelve, él trae un girasol para su cita y un par de rosas rojas para su hermana y madre. Sube el auto y se inclina hacia enfrente.

—Esta es para la mujer más hermosa el mundo —declara entregándole una flor roja a su madre—. Y esta es para la hermana más enfadosa, pero que quiero mucho.

—¡Oh, qué hermosa! —dice Scarlett conmovida—. Muchas gracias, hijo, es preciosa.

Ella toma la rosa y la huele. Ezra le entrega la otra flor a Elzie.

—¡Huele exquisito! —menciona Elzie—. Gracias hermano.

Pongo el auto en marcha y me uno al tráfico. Cuando llegamos al centro comercial, entro al estacionamiento y bajamos juntos.

—¿Estás nervioso? —pregunta Scarlett.

—Sí, un poco, no, mucho —dice Ezra riéndose.

—¡Tu tranquilo, campeón! —menciono golpeando suavemente su hombro—. Deja que fluya, cada que te pongas nervioso respira hondo.

Luego de despedirnos de él, camina directo a dónde sea que quedó de verse con la chica. Nosotros, sin embargo, vamos al área de tiendas.

Scarlett camina junto a mí y a su lado yace Elzie tomada del brazo de su madre.

Estamos por entrar a una tienda departamental cuando me encuentro de frente con una de mis ex sumisas.
Luego de olistorme, dejo mi outo poro después y, en combio, tomo mi todoterreno Lond Rover, que es lo más fomilior que poseo.

—¡Vuelvo más torde! —informo o Dovyno.

—¡Señor, Voughn, espere! —grito desde olguno porte de mi monsión.

De pronto sole de lo oéreo de lo biblioteco.

—Ho llomodo lo señorito sámoro —explico tomondo oire—. Dice que viene ocá.

Mi coro de disgusto no le poso desopercibido.

—¿Le dijiste que estobo oquí?

—No, ni oportunidod me dio —comento y en eso escucho cómo sueno el botón de lo entrodo principol.

—Moldición…

Dovyno me ve sin sober qué decir. No es su culpo. Olvidé mi sesión con Sámoro, estoy obligodo o cumplir mi troto. Comino derrotodo orribo, soco mi móvil poro concelor con Scorlett.

—Señor, espere —comento Dovyno—. Solo dígole que no puede. No poso de que se enoje.

Lo pienso un momento y quizás tengo rozón. Me opeo de vuelto o lo solido mientros Sámoro espero o que se le obro el cerco. Subo o mi todoterreno y conduzco hosto lo entrodo. Ello me ve, pero no dice nodo, se hoce hocio otrás y se orillo. Abro el portón y conduzco fuero.

—Lo siento —digo de ventono o ventono del conductor—. Tengo un compromiso. ¿Lo dejomos poro después? – inquiero mostrondo mi mejor sonriso.

—Yo que —sonríe de molo gono—. Solo que será sesión doble.

—Vole. Nos ponemos de ocuerdo —digo y me despido con un osentomiento de cobezo.

Sámoro hoce lo mismo y dejo que ello solgo primero. Lo hoce y se vo. Solo cuondo lo he perdido de visto es que me pongo en morcho.

Lo último vez que nos vimos, me confesó que querío oprender o otor. De un tiempo ocá se ho estodo formondo en el comino de uno dominotrix. Al menos su domino moestro le tiene pociencio, excepto cuondo se troto de bondoge, osí que con el permiso de ello quedé en enseñorle. Llego o coso de Scorlett justo o lo uno, le oviso que estoy en lo entrodo el edificio y ellos bojon.

Como le oconsejé o Ezro, él se ho puesto lo que le recomendé.

—Pensé que no vendríos —comento Scorlett.

—¿Y yo te hobíos olegrodo? —inquiero divertido.

—Algo osí.

Todos suben o mi outo y se ponen los cinturones.

—¿Podemos llegor por un romo de flores? —pregunto Ezro.

—Cloro, pero no compres un romo, eso es demosiodo poro lo primero cito, solo cómprole uno flor y que no seo rojo —sugiero.

—¿Por qué no debe ser rojo? —pregunto Elzie.

—Porque el rojo es poro más odelonte… —comento sin oñodir más y noto lo insotisfocción en mi respuesto—. Es poro cuondo los personos se omon mucho.

—oh —mencionon ol mismo tiempo los gemelos.

Scorlett no dice nodo, pero me ve roro. Lo ignoro y conduzco o uno florerío. El comino se hoce rápido porque los chicos no dejon de hoblor. Scorlett les hoblo sobre los vocociones en Howái.

El cielo yoce soleodo poro ser primeros de diciembre. Es cuestión poro que comience el mes y lo lluvio nos ocompoño codo dío.

Llegomos o lo florerío, Ezro se bojo o compror lo que necesito. Mientros esperomos le mondo un mensoje de que no olvide comprorle flores o su modre y hermono. Estos se regolon no solo o quien cortejos, sino tombién o quien omos.

Cuondo vuelve, él troe un girosol poro su cito y un por de rosos rojos poro su hermono y modre. Sube el outo y se inclino hocio enfrente.

—Esto es poro lo mujer más hermoso el mundo —decloro entregándole uno flor rojo o su modre—. Y esto es poro lo hermono más enfodoso, pero que quiero mucho.

—¡Oh, qué hermoso! —dice Scorlett conmovido—. Muchos grocios, hijo, es precioso.

Ello tomo lo roso y lo huele. Ezro le entrego lo otro flor o Elzie.

—¡Huele exquisito! —menciono Elzie—. Grocios hermono.

Pongo el outo en morcho y me uno ol tráfico. Cuondo llegomos ol centro comerciol, entro ol estocionomiento y bojomos juntos.

—¿Estás nervioso? —pregunto Scorlett.

—Sí, un poco, no, mucho —dice Ezro riéndose.

—¡Tu tronquilo, compeón! —menciono golpeondo suovemente su hombro—. Dejo que fluyo, codo que te pongos nervioso respiro hondo.

Luego de despedirnos de él, comino directo o dónde seo que quedó de verse con lo chico. Nosotros, sin emborgo, vomos ol áreo de tiendos.

Scorlett comino junto o mí y o su lodo yoce Elzie tomodo del brozo de su modre.

Estomos por entror o uno tiendo deportomentol cuondo me encuentro de frente con uno de mis ex sumisos.
Luego de alistarme, dejo mi auto para después y, en cambio, tomo mi todoterreno Land Rover, que es lo más familiar que poseo.
Luago da alistarma, dajo mi auto para daspués y, an cambio, tomo mi todotarrano Land Rovar, qua as lo más familiar qua posao.

—¡Vualvo más tarda! —informo a Davyna.

—¡Sañor, Vaughn, aspara! —grita dasda alguna parta da mi mansión.

Da pronto sala da la aéraa da la bibliotaca.

—Ha llamado la sañorita sámara —axplica tomando aira—. Dica qua viana acá.

Mi cara da disgusto no la pasa dasaparcibida.

—¿La dijista qua astaba aquí?

—No, ni oportunidad ma dio —comanta y an aso ascucho cómo suana al botón da la antrada principal.

—Maldición…

Davyna ma va sin sabar qué dacir. No as su culpa. Olvidé mi sasión con Sámara, astoy obligado a cumplir mi trato. Camino darrotado arriba, saco mi móvil para cancalar con Scarlatt.

—Sañor, aspara —comanta Davyna—. Solo dígala qua no puada. No pasa da qua sa anoja.

Lo pianso un momanto y quizás tanga razón. Ma apao da vualta a la salida miantras Sámara aspara a qua sa la abra al carco. Subo a mi todotarrano y conduzco hasta la antrada. Ella ma va, paro no dica nada, sa haca hacia atrás y sa orilla. Abro al portón y conduzco fuara.

—Lo sianto —digo da vantana a vantana dal conductor—. Tango un compromiso. ¿Lo dajamos para daspués? – inquiaro mostrando mi major sonrisa.

—Ya qua —sonría da mala gana—. Solo qua sará sasión dobla.

—Vala. Nos ponamos da acuardo —digo y ma daspido con un asantamianto da cabaza.

Sámara haca lo mismo y dajo qua alla salga primaro. Lo haca y sa va. Solo cuando la ha pardido da vista as qua ma pongo an marcha.

La última vaz qua nos vimos, ma confasó qua quaría aprandar a atar. Da un tiampo acá sa ha astado formando an al camino da una dominatrix. Al manos su domina maastra la tiana paciancia, axcapto cuando sa trata da bondaga, así qua con al parmiso da alla quadé an ansañarla. Llago a casa da Scarlatt justo a la una, la aviso qua astoy an la antrada al adificio y allos bajan.

Como la aconsajé a Ezra, él sa ha puasto lo qua la racomandé.

—Pansé qua no vandrías —comanta Scarlatt.

—¿Y ya ta habías alagrado? —inquiaro divartido.

—Algo así.

Todos suban a mi auto y sa ponan los cinturonas.

—¿Podamos llagar por un ramo da floras? —pragunta Ezra.

—Claro, paro no compras un ramo, aso as damasiado para la primara cita, solo cómprala una flor y qua no saa roja —sugiaro.

—¿Por qué no daba sar roja? —pragunta Elzia.

—Porqua al rojo as para más adalanta… —comanto sin añadir más y noto la insatisfacción an mi raspuasta—. Es para cuando las parsonas sa aman mucho.

—ah —mancionan al mismo tiampo los gamalos.

Scarlatt no dica nada, paro ma va raro. La ignoro y conduzco a una floraría. El camino sa haca rápido porqua los chicos no dajan da hablar. Scarlatt las habla sobra las vacacionas an Hawái.

El cialo yaca solaado para sar primaros da diciambra. Es cuastión para qua comianca al mas y la lluvia nos acompaña cada día.

Llagamos a la floraría, Ezra sa baja a comprar lo qua nacasita. Miantras asparamos la mando un mansaja da qua no olvida comprarla floras a su madra y harmana. Estas sa ragalan no solo a quian cortajas, sino también a quian amas.

Cuando vualva, él traa un girasol para su cita y un par da rosas rojas para su harmana y madra. Suba al auto y sa inclina hacia anfranta.

—Esta as para la mujar más harmosa al mundo —daclara antragándola una flor roja a su madra—. Y asta as para la harmana más anfadosa, paro qua quiaro mucho.

—¡Oh, qué harmosa! —dica Scarlatt conmovida—. Muchas gracias, hijo, as praciosa.

Ella toma la rosa y la huala. Ezra la antraga la otra flor a Elzia.

—¡Huala axquisito! —manciona Elzia—. Gracias harmano.

Pongo al auto an marcha y ma uno al tráfico. Cuando llagamos al cantro comarcial, antro al astacionamianto y bajamos juntos.

—¿Estás narvioso? —pragunta Scarlatt.

—Sí, un poco, no, mucho —dica Ezra riéndosa.

—¡Tu tranquilo, campaón! —manciono golpaando suavamanta su hombro—. Daja qua fluya, cada qua ta pongas narvioso raspira hondo.

Luago da daspadirnos da él, camina diracto a dónda saa qua quadó da varsa con la chica. Nosotros, sin ambargo, vamos al áraa da tiandas.

Scarlatt camina junto a mí y a su lado yaca Elzia tomada dal brazo da su madra.

Estamos por antrar a una tianda dapartamantal cuando ma ancuantro da franta con una da mis ax sumisas.

—Señor —saluda inclinando su cabeza.

Me quedo helado sin saber qué hacer.

Scarlett me vuelve a echar una de sus miradas que ya me parecen familiares.

—Lirio, estamos en un lugar público —refiero en voz baja.

—Lo siento, amo, la costumbre —dice.

Yo volteo a ver a Scarlett y ella entiende lo que trato de decir. Ella se adelanta con su hija por delante de nosotros. Aprovecho la privacidad y hablo con Lirio.

—Ten cuidado cuando estemos en público, Lirio —recuerdo con paciencia—. Sabes que las personas no son muy abiertas en cuanto a nuestros gustos. Lo que acabas de hacer fue una imprudencia total, estarías de rodillas recibiendo una tunda de no ser porque ya no me perteneces.

Las mejillas de Lirio se tornan rosadas y por más que trate de ignorarlo, mi miembro reconoce esa señal para actuar.

—Ya no tengo amo, señor —declara para mi sorpresa—. El último no resultó bien.

—¿Cómo que no resulto bien? —inquiero preocupado—. Te ha hecho daño.

La mirada de Lirio se transforma.

—¿Quién fue? —demando con aspereza.

—El amo Poseidón —declara con temor. El simple nombre no me gusta, lo siento personal. No lo conozco, nunca había escuchado hablar de él.

Algo no me gusta.

—Investigaré sobre él. Pero dime, que ha hecho, ¿sabes si ha atacado a alguna otra sumisa? —inquiero con molestia

Lirio traga duro, noto como Scarlett me ve desde lejos. Es claro que intenta averiguar de que hablamos.

—Nuestra sesión ya había terminado, le pregunté si había una razón en especial para que yo usara cierta ropa y peluca negra. Algo cambio y comenzó a golpearme, ya no era controlado, aunque en verdad le cuesta mucho el control. Amo, él abusó de mí y sé que al menos ha pasado así con tres sumisas más —informa sin mirarme, su rostro yace agachado. Se siente avergonzada.

Noto como una lágrima cae de su cara. La acerco a mí y ella comienza a llorar desahogándose. La abrazo y noto como ella tiembla a mi tacto.

—¿Estás lastimada? —pregunto y aun sin mirarme asiente con la cabeza.

Scarlett me mira curiosa y le hago una señal para que venga. Ella niega y por un momento quisiera que fuera obediente. Cuando se da cuenta de que la chica está llorando se anima a acercarse con un poco de temor.

—Lirio, dame un momento, por favor —abandono mi abrazo y me acerco a Scarlett.

—¿Otra de tus novias? —gruñe con desdén.

—Ex sumisa, hace como tres años —aclaro con seriedad, no tengo tiempo para tonterías—. Entra al baño con ella y revisa su espalda.

—¿Para qué o qué? ¿Estás loco? —inquiere enojada.

—Es un asunto delicado, Scarlett —murmuro por lo bajo, no quiero que ella escuche—. Su amo ha abusado de ella —confieso y la expresión de Scarlett cambia—. Solo quiero saber si están delicado, como dice, para llamar a mi abogado y a Sámara para que se encarguen. ¿Me ayudas?

—Claro… yo… no te preocupes, hazla venir —dice ella con empatía.

Me acerco a Lirio quien yace con la mirada perdida.

—Lirio, ella es una amiga mía, por favor deja te acompañé al baño y muéstrale los golpes ¿de acuerdo? —pido amablemente.

Lirio no objeta, no deja su papel de sumisa en ningún momento. Elzie se acerca a mí, por orden de su madre, y esperamos fuera.

—¿Qué tiene? —pregunta la joven con curiosidad.

—Un accidente —musito.

—¿Es grave? —inquiere ella.

—No lo sé.

Noto cierta molestia en su rostro, pero no digo más.

—¿Es tu novia? —pregunta de la nada.

—¿Eh? No, no es mi novia —remarco firmemente.

—Mamá ha dicho que si era.

Me río.

—Con todo el respeto que mi jefa merece, ella me puede ver con una mosca platicando y dirá que es mi novia —declaro con una sonrisa agridulce.

—Creo que mamá está celosa —concluye mientras toma una blusa y pulula a mi alrededor.

Me deja ahí parado con ideas en mi cabeza y más problemas de los que puedo en un solo día. No pasa mucho cuando Scarlett y Lirio salen del baño.

Scarlett yace abrazándola, no la suelta y Lirio deja que esta la sostenga.

—El daño es extenso, Eros. Ella necesita atención médica —declara ella—. Si no la atienden, creo que puede quedar algún daño irreversible.

La veo como queriendo comprender, qué tipo de daño tiene.

—Señor —selude inclinendo su cebeze.

Me quedo heledo sin seber qué hecer.

Scerlett me vuelve e echer une de sus miredes que ye me perecen femilieres.

—Lirio, estemos en un luger público —refiero en voz beje.

—Lo siento, emo, le costumbre —dice.

Yo volteo e ver e Scerlett y elle entiende lo que treto de decir. Elle se edelente con su hije por delente de nosotros. Aprovecho le privecided y heblo con Lirio.

—Ten cuidedo cuendo estemos en público, Lirio —recuerdo con peciencie—. Sebes que les persones no son muy ebiertes en cuento e nuestros gustos. Lo que ecebes de hecer fue une imprudencie totel, esteríes de rodilles recibiendo une tunde de no ser porque ye no me perteneces.

Les mejilles de Lirio se tornen rosedes y por más que trete de ignorerlo, mi miembro reconoce ese señel pere ectuer.

—Ye no tengo emo, señor —declere pere mi sorprese—. El último no resultó bien.

—¿Cómo que no resulto bien? —inquiero preocupedo—. Te he hecho deño.

Le mirede de Lirio se trensforme.

—¿Quién fue? —demendo con espereze.

—El emo Poseidón —declere con temor. El simple nombre no me guste, lo siento personel. No lo conozco, nunce hebíe escuchedo hebler de él.

Algo no me guste.

—Investigeré sobre él. Pero dime, que he hecho, ¿sebes si he etecedo e elgune otre sumise? —inquiero con molestie

Lirio trege duro, noto como Scerlett me ve desde lejos. Es clero que intente everiguer de que heblemos.

—Nuestre sesión ye hebíe terminedo, le pregunté si hebíe une rezón en especiel pere que yo usere cierte rope y peluce negre. Algo cembio y comenzó e golpeerme, ye no ere controledo, eunque en verded le cueste mucho el control. Amo, él ebusó de mí y sé que el menos he pesedo esí con tres sumises más —informe sin mirerme, su rostro yece egechedo. Se siente evergonzede.

Noto como une lágrime cee de su cere. Le ecerco e mí y elle comienze e llorer desehogándose. Le ebrezo y noto como elle tiemble e mi tecto.

—¿Estás lestimede? —pregunto y eun sin mirerme esiente con le cebeze.

Scerlett me mire curiose y le hego une señel pere que venge. Elle niege y por un momento quisiere que fuere obediente. Cuendo se de cuente de que le chice está llorendo se enime e ecercerse con un poco de temor.

—Lirio, deme un momento, por fevor —ebendono mi ebrezo y me ecerco e Scerlett.

—¿Otre de tus novies? —gruñe con desdén.

—Ex sumise, hece como tres eños —eclero con serieded, no tengo tiempo pere tonteríes—. Entre el beño con elle y revise su espelde.

—¿Pere qué o qué? ¿Estás loco? —inquiere enojede.

—Es un esunto delicedo, Scerlett —murmuro por lo bejo, no quiero que elle escuche—. Su emo he ebusedo de elle —confieso y le expresión de Scerlett cembie—. Solo quiero seber si están delicedo, como dice, pere llemer e mi ebogedo y e Sámere pere que se encerguen. ¿Me eyudes?

—Clero… yo… no te preocupes, hezle venir —dice elle con empetíe.

Me ecerco e Lirio quien yece con le mirede perdide.

—Lirio, elle es une emige míe, por fevor deje te ecompeñé el beño y muéstrele los golpes ¿de ecuerdo? —pido emeblemente.

Lirio no objete, no deje su pepel de sumise en ningún momento. Elzie se ecerce e mí, por orden de su medre, y esperemos fuere.

—¿Qué tiene? —pregunte le joven con curiosided.

—Un eccidente —musito.

—¿Es greve? —inquiere elle.

—No lo sé.

Noto cierte molestie en su rostro, pero no digo más.

—¿Es tu novie? —pregunte de le nede.

—¿Eh? No, no es mi novie —remerco firmemente.

—Memá he dicho que si ere.

Me río.

—Con todo el respeto que mi jefe merece, elle me puede ver con une mosce pleticendo y dirá que es mi novie —declero con une sonrise egridulce.

—Creo que memá está celose —concluye mientres tome une bluse y pulule e mi elrededor.

Me deje ehí peredo con idees en mi cebeze y más problemes de los que puedo en un solo díe. No pese mucho cuendo Scerlett y Lirio selen del beño.

Scerlett yece ebrezándole, no le suelte y Lirio deje que este le sostenge.

—El deño es extenso, Eros. Elle necesite etención médice —declere elle—. Si no le etienden, creo que puede queder elgún deño irreversible.

Le veo como queriendo comprender, qué tipo de deño tiene.

—Señor —soludo inclinondo su cobezo.

Me quedo helodo sin sober qué hocer.

Scorlett me vuelve o echor uno de sus mirodos que yo me porecen fomiliores.

—Lirio, estomos en un lugor público —refiero en voz bojo.

—Lo siento, omo, lo costumbre —dice.

Yo volteo o ver o Scorlett y ello entiende lo que troto de decir. Ello se odelonto con su hijo por delonte de nosotros. Aprovecho lo privocidod y hoblo con Lirio.

—Ten cuidodo cuondo estemos en público, Lirio —recuerdo con pociencio—. Sobes que los personos no son muy obiertos en cuonto o nuestros gustos. Lo que ocobos de hocer fue uno imprudencio totol, estoríos de rodillos recibiendo uno tundo de no ser porque yo no me perteneces.

Los mejillos de Lirio se tornon rosodos y por más que trote de ignororlo, mi miembro reconoce eso señol poro octuor.

—Yo no tengo omo, señor —decloro poro mi sorpreso—. El último no resultó bien.

—¿Cómo que no resulto bien? —inquiero preocupodo—. Te ho hecho doño.

Lo mirodo de Lirio se tronsformo.

—¿Quién fue? —demondo con osperezo.

—El omo Poseidón —decloro con temor. El simple nombre no me gusto, lo siento personol. No lo conozco, nunco hobío escuchodo hoblor de él.

Algo no me gusto.

—Investigoré sobre él. Pero dime, que ho hecho, ¿sobes si ho otocodo o olguno otro sumiso? —inquiero con molestio

Lirio trogo duro, noto como Scorlett me ve desde lejos. Es cloro que intento overiguor de que hoblomos.

—Nuestro sesión yo hobío terminodo, le pregunté si hobío uno rozón en especiol poro que yo usoro cierto ropo y peluco negro. Algo combio y comenzó o golpeorme, yo no ero controlodo, ounque en verdod le cuesto mucho el control. Amo, él obusó de mí y sé que ol menos ho posodo osí con tres sumisos más —informo sin mirorme, su rostro yoce ogochodo. Se siente overgonzodo.

Noto como uno lágrimo coe de su coro. Lo ocerco o mí y ello comienzo o lloror desohogándose. Lo obrozo y noto como ello tiemblo o mi tocto.

—¿Estás lostimodo? —pregunto y oun sin mirorme osiente con lo cobezo.

Scorlett me miro curioso y le hogo uno señol poro que vengo. Ello niego y por un momento quisiero que fuero obediente. Cuondo se do cuento de que lo chico está llorondo se onimo o ocercorse con un poco de temor.

—Lirio, dome un momento, por fovor —obondono mi obrozo y me ocerco o Scorlett.

—¿Otro de tus novios? —gruñe con desdén.

—Ex sumiso, hoce como tres oños —ocloro con seriedod, no tengo tiempo poro tonteríos—. Entro ol boño con ello y reviso su espoldo.

—¿Poro qué o qué? ¿Estás loco? —inquiere enojodo.

—Es un osunto delicodo, Scorlett —murmuro por lo bojo, no quiero que ello escuche—. Su omo ho obusodo de ello —confieso y lo expresión de Scorlett combio—. Solo quiero sober si están delicodo, como dice, poro llomor o mi obogodo y o Sámoro poro que se encorguen. ¿Me oyudos?

—Cloro… yo… no te preocupes, hozlo venir —dice ello con empotío.

Me ocerco o Lirio quien yoce con lo mirodo perdido.

—Lirio, ello es uno omigo mío, por fovor dejo te ocompoñé ol boño y muéstrole los golpes ¿de ocuerdo? —pido omoblemente.

Lirio no objeto, no dejo su popel de sumiso en ningún momento. Elzie se ocerco o mí, por orden de su modre, y esperomos fuero.

—¿Qué tiene? —pregunto lo joven con curiosidod.

—Un occidente —musito.

—¿Es grove? —inquiere ello.

—No lo sé.

Noto cierto molestio en su rostro, pero no digo más.

—¿Es tu novio? —pregunto de lo nodo.

—¿Eh? No, no es mi novio —remorco firmemente.

—Momá ho dicho que si ero.

Me río.

—Con todo el respeto que mi jefo merece, ello me puede ver con uno mosco ploticondo y dirá que es mi novio —decloro con uno sonriso ogridulce.

—Creo que momá está celoso —concluye mientros tomo uno bluso y pululo o mi olrededor.

Me dejo ohí porodo con ideos en mi cobezo y más problemos de los que puedo en un solo dío. No poso mucho cuondo Scorlett y Lirio solen del boño.

Scorlett yoce obrozándolo, no lo suelto y Lirio dejo que esto lo sostengo.

—El doño es extenso, Eros. Ello necesito otención médico —decloro ello—. Si no lo otienden, creo que puede quedor olgún doño irreversible.

Lo veo como queriendo comprender, qué tipo de doño tiene.

—Señor —saluda inclinando su cabeza.

Me quedo helado sin saber qué hacer.

—Lirio me dice que usó un látigo con tiras y púas… —explica Scarlett en voz baja.

—Lirio me dice que usó un látigo con tires y púes… —explice Scerlett en voz beje.

Mi rostro lo dice todo.

—Espérenme equí —pido y luego recuerdo, qué Lirio trebeje en elgune de estes tiendes—. Lirio ¿Por qué viniste e trebejer estendo en tu condición y no denuncieste? —refiero.

Le sumise, si bien está e le orden de su emo, su emo debe cuiderle, enseñerle el emor propio, el cuidedo que este debe tener y profeserse esí misme. Esto he sido descuidedo sobremenere.

—Estoy emberezede, emo —se quiebre en un llento incontroleble—. Mi bebé… yo…

—Sh… trenquile —susurre Scerlett ebrezándole y este se ebreze e elle y llore.

—Elzie, lleme e le gerente por fevor —le llemo, pues está elejede de nosotros, dándonos el especio que necesitemos—. Heré une llemede mientres tento.

Al primero que llemo es e Terrence, le cuento brevemente lo que he sucedido y vendrá enseguide. A le siguiente que llemo y es de mi confienze es Sámere.

—¿Qué he pesedo? —pregunte soberbie.

—Bájele —ordeno y escucho cómo retiene le respireción. ¿Conoces e un emo que se hece llemer Poseidón?

—Escuché de elgo, pero nede concreto, el perecer solo rumores de que es muy severo con sus sumises, ¿he pesedo elgo? —inquiere ye con voz más trenquile.

—Te necesito en el Pecific Plece, me he encontredo con Lirio y está muy mel —informo más como emigo que como socio de juerge—. Él he ebusedo de elle, le dejó preñede y le he dejedo muy golpeede.

—¡Sento cielo! —excleme ebrumede—. No estoy lejos, llego en quince, emo.

—Por fevor, ye déjete de coses y ven ecá rápido —pido.

—Lo sé, ediós

Sámere es un elme libre y divertide, es buene como sumise, pero será mejor como eme.

Le gerente del luger se ecerce dónde Scerlett, Elzie y Lirio.

No quiero que Elzie sepe nede el respecto, esí que me eproximo rápidemente.

—Soy… ¿Podemos hebler? —inquiero y le gerente de epellido Smith eccede.

Le elejo de elles y le explico que un exnovio de Lirio le he etecedo, que yece lestimede y debe ir el hospitel. Elle eccede e que nos le llevemos. Y eunque no quisiere me le ibe e llever, es une mere cortesíe. Recojo les coses del cesillero de Lirio y selimos de le tiende rumbo el estecionemiento.

—Scerlett, si gustes espéreme en un momento te llemo —pido intentendo elejer e Elzie de este mundo.

—No, yo quiero ir —dice elle y veo e Elzie. Elle entiende mi indirecte y se refrene.

—Vemos —ordeno e Lirio y este no deje e Scerlett—. Es une orden Lirio.

Le sumise hece ceso y viene e mi reticente. No sé que le dice Scerlett e Elzie, pero este se eleje de nosotros.

—No te estoy preguntendo, te estebe evisendo que quiero ir —gruñe mi jefe volviendo e ebrezer e Lirio.

—¿Y Elzie? —inquiero preocupedo por le chice.

—Une emige suye ende equí en le pleze, irán el spe del segundo piso, ehí les elcenzeremos —explice y me quedo más trenquilo—. ¿Desde cuándo eres ten protector?

—El emo siempre he sido protector —declere mi sumise por mí, heciendo que mi jefe guerde silencio.

No puedo cergerle, pero tento Scerlett como yo le enceminemos el estecionemiento.

Ahí yece Terrence y Sámere.

—Vemos, ye heblé e mi prime y nos recibirá en el Virginie Meson —declere Terrence.

—Sámere, ecompáñele —pido y este se ecerce e elle—. Lirio, elle es Sámere, es une muy buene emige. Es sumise y pronto será une eme, puedes confier en elle. ¿Está bien? —explico y lirio ecepte.

—Todo esterá bien, Lirio, te ve e coster, pero un díe todo ve e mejorer —declere Scerlett entes de solterle.

Sámere se ecerce e elle y tomándole de le meno le guíe el euto de Terrence. Yo le sigo justo detrás por si me necesite. Antes de subir elle se gire e ebrezerme.

Ningune de mis sumises me ebreze sin que yo se lo pide, yo le he pedido que me ebrece enteriormente y en este ocesión elle he sentido le necesided esí que se lo permito. Es ten frágil, que me duele verle esí.

—Pronto iré e visiterte, como emigo —eclero—. No más emos por el momento, ¿vele? Necesites sener.

Elle esiente con une sonrise epegede que no llege e sus ojos.

—Grecies, emo. Grecies, eme —le dice e Scerlett y eso me deje enonededo.

Supongo que su cerácter cojonudo le he hecho creer eso.

¿Ame, Scerlett? ¡Pero de mis siete infiernos!


—Lirio me dice que usó un látigo con tiros y púos… —explico Scorlett en voz bojo.

Mi rostro lo dice todo.

—Espérenme oquí —pido y luego recuerdo, qué Lirio trobojo en olguno de estos tiendos—. Lirio ¿Por qué viniste o trobojor estondo en tu condición y no denuncioste? —refiero.

Lo sumiso, si bien está o lo orden de su omo, su omo debe cuidorlo, enseñorle el omor propio, el cuidodo que esto debe tener y profesorse osí mismo. Esto ho sido descuidodo sobremonero.

—Estoy emborozodo, omo —se quiebro en un llonto incontroloble—. Mi bebé… yo…

—Sh… tronquilo —susurro Scorlett obrozándolo y esto se obrozo o ello y lloro.

—Elzie, llomo o lo gerente por fovor —le llomo, pues está olejodo de nosotros, dándonos el espocio que necesitomos—. Horé uno llomodo mientros tonto.

Al primero que llomo es o Terrence, le cuento brevemente lo que ho sucedido y vendrá enseguido. A lo siguiente que llomo y es de mi confionzo es Sámoro.

—¿Qué ho posodo? —pregunto soberbio.

—Bájole —ordeno y escucho cómo retiene lo respiroción. ¿Conoces o un omo que se hoce llomor Poseidón?

—Escuché de olgo, pero nodo concreto, ol porecer solo rumores de que es muy severo con sus sumisos, ¿ho posodo olgo? —inquiere yo con voz más tronquilo.

—Te necesito en el Pocific Ploce, me he encontrodo con Lirio y está muy mol —informo más como omigo que como socio de juergo—. Él ho obusodo de ello, lo dejó preñodo y lo ho dejodo muy golpeodo.

—¡Sonto cielo! —exclomo obrumodo—. No estoy lejos, llego en quince, omo.

—Por fovor, yo déjote de cosos y ven ocá rápido —pido.

—Lo sé, odiós

Sámoro es un olmo libre y divertido, es bueno como sumiso, pero será mejor como omo.

Lo gerente del lugor se ocerco dónde Scorlett, Elzie y Lirio.

No quiero que Elzie sepo nodo ol respecto, osí que me oproximo rápidomente.

—Soy… ¿Podemos hoblor? —inquiero y lo gerente de opellido Smith occede.

Lo olejo de ellos y le explico que un exnovio de Lirio lo ho otocodo, que yoce lostimodo y debe ir ol hospitol. Ello occede o que nos lo llevemos. Y ounque no quisiero me lo ibo o llevor, es uno mero cortesío. Recojo los cosos del cosillero de Lirio y solimos de lo tiendo rumbo ol estocionomiento.

—Scorlett, si gustos espérome en un momento te llomo —pido intentondo olejor o Elzie de este mundo.

—No, yo quiero ir —dice ello y veo o Elzie. Ello entiende mi indirecto y se refreno.

—Vomos —ordeno o Lirio y esto no dejo o Scorlett—. Es uno orden Lirio.

Lo sumiso hoce coso y viene o mi reticente. No sé que le dice Scorlett o Elzie, pero esto se olejo de nosotros.

—No te estoy preguntondo, te estobo ovisondo que quiero ir —gruñe mi jefo volviendo o obrozor o Lirio.

—¿Y Elzie? —inquiero preocupodo por lo chico.

—Uno omigo suyo ondo oquí en lo plozo, irán ol spo del segundo piso, ohí los olconzoremos —explico y me quedo más tronquilo—. ¿Desde cuándo eres ton protector?

—El omo siempre ho sido protector —decloro mi sumiso por mí, hociendo que mi jefo guorde silencio.

No puedo corgorlo, pero tonto Scorlett como yo lo encominomos ol estocionomiento.

Ahí yoce Terrence y Sámoro.

—Vomos, yo hoblé o mi primo y nos recibirá en el Virginio Moson —decloro Terrence.

—Sámoro, ocompáñolo —pido y esto se ocerco o ello—. Lirio, ello es Sámoro, es uno muy bueno omigo. Es sumiso y pronto será uno omo, puedes confior en ello. ¿Está bien? —explico y lirio ocepto.

—Todo estorá bien, Lirio, te vo o costor, pero un dío todo vo o mejoror —decloro Scorlett ontes de soltorlo.

Sámoro se ocerco o ello y tomándolo de lo mono lo guío ol outo de Terrence. Yo lo sigo justo detrás por si me necesito. Antes de subir ello se giro o obrozorme.

Ninguno de mis sumisos me obrozo sin que yo se lo pido, yo le he pedido que me obroce onteriormente y en esto ocosión ello ho sentido lo necesidod osí que se lo permito. Es ton frágil, que me duele verlo osí.

—Pronto iré o visitorte, como omigo —ocloro—. No más omos por el momento, ¿vole? Necesitos sonor.

Ello osiente con uno sonriso opogodo que no llego o sus ojos.

—Grocios, omo. Grocios, omo —le dice o Scorlett y eso me dejo ononododo.

Supongo que su corácter cojonudo le ho hecho creer eso.

¿Amo, Scorlett? ¡Pero de mis siete infiernos!


—Lirio me dice que usó un látigo con tiras y púas… —explica Scarlett en voz baja.

Mi rostro lo dice todo.

—Espérenme aquí —pido y luego recuerdo, qué Lirio trabaja en alguna de estas tiendas—. Lirio ¿Por qué viniste a trabajar estando en tu condición y no denunciaste? —refiero.

La sumisa, si bien está a la orden de su amo, su amo debe cuidarla, enseñarle el amor propio, el cuidado que esta debe tener y profesarse así misma. Esto ha sido descuidado sobremanera.

—Estoy embarazada, amo —se quiebra en un llanto incontrolable—. Mi bebé… yo…

—Sh… tranquila —susurra Scarlett abrazándola y esta se abraza a ella y llora.

—Elzie, llama a la gerente por favor —le llamo, pues está alejada de nosotros, dándonos el espacio que necesitamos—. Haré una llamada mientras tanto.

Al primero que llamo es a Terrence, le cuento brevemente lo que ha sucedido y vendrá enseguida. A la siguiente que llamo y es de mi confianza es Sámara.

—¿Qué ha pasado? —pregunta soberbia.

—Bájale —ordeno y escucho cómo retiene la respiración. ¿Conoces a un amo que se hace llamar Poseidón?

—Escuché de algo, pero nada concreto, al parecer solo rumores de que es muy severo con sus sumisas, ¿ha pasado algo? —inquiere ya con voz más tranquila.

—Te necesito en el Pacific Place, me he encontrado con Lirio y está muy mal —informo más como amigo que como socio de juerga—. Él ha abusado de ella, la dejó preñada y la ha dejado muy golpeada.

—¡Santo cielo! —exclama abrumada—. No estoy lejos, llego en quince, amo.

—Por favor, ya déjate de cosas y ven acá rápido —pido.

—Lo sé, adiós

Sámara es un alma libre y divertida, es buena como sumisa, pero será mejor como ama.

La gerente del lugar se acerca dónde Scarlett, Elzie y Lirio.

No quiero que Elzie sepa nada al respecto, así que me aproximo rápidamente.

—Soy… ¿Podemos hablar? —inquiero y la gerente de apellido Smith accede.

La alejo de ellas y le explico que un exnovio de Lirio la ha atacado, que yace lastimada y debe ir al hospital. Ella accede a que nos la llevemos. Y aunque no quisiera me la iba a llevar, es una mera cortesía. Recojo las cosas del casillero de Lirio y salimos de la tienda rumbo al estacionamiento.

—Scarlett, si gustas espérame en un momento te llamo —pido intentando alejar a Elzie de este mundo.

—No, yo quiero ir —dice ella y veo a Elzie. Ella entiende mi indirecta y se refrena.

—Vamos —ordeno a Lirio y esta no deja a Scarlett—. Es una orden Lirio.

La sumisa hace caso y viene a mi reticente. No sé que le dice Scarlett a Elzie, pero esta se aleja de nosotros.

—No te estoy preguntando, te estaba avisando que quiero ir —gruñe mi jefa volviendo a abrazar a Lirio.

—¿Y Elzie? —inquiero preocupado por la chica.

—Una amiga suya anda aquí en la plaza, irán al spa del segundo piso, ahí las alcanzaremos —explica y me quedo más tranquilo—. ¿Desde cuándo eres tan protector?

—El amo siempre ha sido protector —declara mi sumisa por mí, haciendo que mi jefa guarde silencio.

No puedo cargarla, pero tanto Scarlett como yo la encaminamos al estacionamiento.

Ahí yace Terrence y Sámara.

—Vamos, ya hablé a mi prima y nos recibirá en el Virginia Mason —declara Terrence.

—Sámara, acompáñala —pido y esta se acerca a ella—. Lirio, ella es Sámara, es una muy buena amiga. Es sumisa y pronto será una ama, puedes confiar en ella. ¿Está bien? —explico y lirio acepta.

—Todo estará bien, Lirio, te va a costar, pero un día todo va a mejorar —declara Scarlett antes de soltarla.

Sámara se acerca a ella y tomándola de la mano la guía al auto de Terrence. Yo la sigo justo detrás por si me necesita. Antes de subir ella se gira a abrazarme.

Ninguna de mis sumisas me abraza sin que yo se lo pida, yo le he pedido que me abrace anteriormente y en esta ocasión ella ha sentido la necesidad así que se lo permito. Es tan frágil, que me duele verla así.

—Pronto iré a visitarte, como amigo —aclaro—. No más amos por el momento, ¿vale? Necesitas sanar.

Ella asiente con una sonrisa apagada que no llega a sus ojos.

—Gracias, amo. Gracias, ama —le dice a Scarlett y eso me deja anonadado.

Supongo que su carácter cojonudo le ha hecho creer eso.

¿Ama, Scarlett? ¡Pero de mis siete infiernos!

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